¿Por qué la Devoción al Corazón de Nuestra Madre en Sus Dolores?

Porque Jesús quiere esta devoción.

Jesucristo Mismo reveló a la Beata Verónica de Binasco, que Él se complace más que nos compadezcamos de su Madre que de Él mismo. Le dijo: ‘Hija mía, mucho me agradan las lágrimas que se derraman por mi Pasión; pero amando yo con amor inmenso a mi Madre María, me agrada más aún la meditación de los dolores que Ella padeció en Mi muerte.’

“He aquí por qué son muy grandes las gracias prometidas por Jesús a los devotos de los dolores de María”.1

¡Porque Nuestra Señora también la quiere!

Nuestra Señora se dolió con Santa Brígida porque muy pocos tenían piedad de Ella y la mayor parte de sus hijos vivían sin pensar en ellos: “Miro a todos los que están en la tierra, para ver si acaso hay alguien que me compadezca y medite sobre mis Dolores, y encuentro muy pocos. Por eso, hija mía, aunque muchos me olviden, tú, sin embargo no te olvides de mí; contempla mis Dolores y compadécete cuanto puedas.”2

“Por esta razón la Bienaventurada Virgen Misma apareció en el año 1239 al fundador del Orden de los Servitas, o siervos de María, a pedirles instituir un orden religioso para conmemorar Sus dolores”.3

Es un pedido importante del Cielo dado en Fátima.

En Fátima, en 1916, el Ángel de la Paz apareció a los tres pequeños videntes, Lucía, Francisco y Jacinta, y después de animarlos a rezar y de enseñarles una oración de adoración, dijo: “Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas.”4

En Fátima, el 13 de junio de 1917, Nuestra Señora, después de informar los tres pastorcitos de que Jacinta y Francisco irían en breve al Cielo, pero que Lucía quedaría en la tierra algún tiempo más – dijo a Lucía: Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar”, Nuestra Señora dijo entonces: “El quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón…”5

En Fátima, el 13 de julio de 1917, después de que los pastorcitos habían sido aterrorizados por la visión del infierno, Nuestra Señora les dijo: “Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas (las almas de los pobres pecadores), Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz…”6

Jesús explicó más Su voluntad a Sor Lucía. En respuesta a su pregunta sobre la razón para no convertir a Rusia sin el Papa haciendo la Consagración de Rusia, Jesús dijo: Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después extender su culto y poner, al lado de la devoción de Mi Corazón divino, la devoción a este Corazón Inmaculado.”7

Santos y Doctores de la Iglesia promueven esta devoción

Dice San Alberto Magno que “así como tenemos que estar agradecidos a Jesús por su Pasión, sufrida por amor nuestro, así también tenemos que estar llenos de gratitud hacia María Santísima por el martirio que, al morir su Hijo, quiso soportar voluntariamente para salvarnos”. Y lo quiso soportar – decimos – ‘voluntariamente’, porque como reveló Santa Inés a Santa Brígida, “nuestra piadosa y benigna Madre prefirió sufrir todos los martirios, antes que tolerar que las almas quedaran sin redimir, abandonadas a su antigua perdición”.8

La tristeza de María era tan grande que, si fuese dividida por todos los hombres, sería suficiente para causarles muerte inmediata”.9 …San Bernardino de Siena.

“Mientras otros mártires sufrieron sacrificando sus vidas, la Santísima Virgen sufrió sacrificando la vida de Su Hijo – una vida que Ella amaba mucho más que la Suya; y así sufrió no sólo en Su alma lo que Su Hijo suportó en Su cuerpo, sino además de eso viendo los tormentos de Su Hijo trajo más dolor a Su corazón de que si Ella hubiese suportado en Su propia persona”10 …San Antonino.

“La pasión de Jesús comenzó con Su nacimiento. De la misma manera María, en todas las cosas, semejante a Su Hijo, suportó Su martirio a lo largo de Su vida”.11 …San Bernardo.

Fue “revelado a Santa Brígida” por un ángel “que la Santísima Virgen, aun antes de hacerse Su Madre, sabiendo cuanto fuese a sufrir el Verbo Encarnado por la salvación de los hombres, y con compasión por este Salvador inocente, Que sería llevado a una muerte tan cruel por crímenes que no eran Suyos, aun entonces comenzó Su gran martirio”.12

“Los mártires suportaron los tormentos en sus cuerpos. María sufrió los Suyos en Su alma”. …San Alfonso de Ligorio. “Ahora, como el alma es más noble que el cuerpo, así mucho mayores fueron los sufrimientos de María de que los de todos los mártires, como Jesucristo Mismo dijo a Santa Catarina de Siena: ‘Entre los sufrimientos del alma y los del cuerpo no hay comparación’”.13

“La Santísima Virgen María, por el amor que nos dedicaba, estaba dispuesto a ver Su Hijo sacrificado a la Justicia Divina por la barbaridad de los hombres. Este gran tormento, pues, que María suportó por nosotros – un tormento mayor de que mil muertes – merece nuestra compasión y nuestra gratitud. Si no podemos corresponder más a un tal gran amor, al menos dediquemos algunos momentos en este día de hoy para considerar cuan grandes fueron los sufrimientos por los cuales María se hizo Reina de los mártires; porque los sufrimientos de Su gran martirio excedieron los de todos los mártires, en primer lugar por ser los más largos, y en segundo lugar por ser los mayores en intensidad”.14 …San Alfonso de Ligorio.

“Nuestra Madre del Cielo tiene un tal amor por nosotros que merece nuestra gratitud, y esa gratitud debería demostrarse por lo menos meditando en Sus Dolores y teniendo compasión por Ella en ellos”.15…San Alfonso de Ligorio.

En las palabras de la Iglesia:

El Papa Benedicto XIII, en 1724, promulgó y recomendó la práctica de la devoción a los Dolores de Nuestra Señora, al conceder muchas indulgencias para quien rece el Rosario de los Siete Dolores.

Los Dolores de Nuestra Señora son conmemorados dos veces por año en el Calendario Litúrgico: el 15 de septiembre y en viernes antes de Domingo de Ramos. El hecho de que los Dolores de la Santísima Virgen María sean conmemorados dos veces por año en el Calendario Litúrgico Romano demuestra la importancia que esta devoción tiene para el Cielo.

La historia de la Devoción

La devoción a la Madre Dolorosa tiene su origen en los primeros tiempos de la Iglesia. El primer ejemplo es de San Juan al pie de la Cruz. Esta devoción ganó un lugar en la historia de la Iglesia a través de la narrativa del Evangelio de San Juan – “Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su madre…” (Jn. 19, 25).

Aunque la devoción siempre hubiese sido parte de la piedad católica, sólo en el Siglo XIII comenzó a florecer mucho más la devoción de meditar en los dolores de Nuestra Señora. En Florencia, siete hombres santos de familias nobles dejaron la ciudad, en procura de la solidad en el Monte Senario, y juntos formaron una comunidad, dedicando sus vidas a la oración y a la penitencia. Los siete santos hombres tenían todos una fuerte devoción a Nuestra Señora.

El Viernes Santo de 1239, mientras meditando en la Pasión de Nuestro Señor y en los sufrimientos de Nuestra Señora, Ella les apareció y reveló Su deseo de que ellos formasen un Orden dedicado a la práctica y a la difusión de la devoción de Sus Dolores. Estos hombres fueron los fundadores del Orden religioso de los Siervos de María (o Servitas), y todos ellos son hoy santos canonizados.

A pedido de Nuestra Señora, los siete fundadores determinaron, como objetivo de su Orden, la meditación sobre los dolores sufridos por Nuestra Señora en la Vida, Pasión y Muerte de Su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, y se dedicaron a promover entre todos los católicos la devoción de meditar en las Siete Dolores de Nuestra Señora, introduciendo la Corona (Pequeño Rosario) de los Siete Dolores de la Santísima Virgen María.

Los Siete Dolores de Nuestra Señora

1. La profecía del anciano Simeón

2. La huída a Egipto

3. El Niño Jesús perdido

4. El encuentro de María con Jesús en el camino al Calvario

5. La Crucifixión y muerte de Jesús

6. La lanzada que traspasó el Corazón de Jesús y su descendimiento de la cruz

7. La sepultura de Jesús

Gracias y promesas conectadas a la práctica de esta devoción en honor de los Dolores de la Santísima Virgen María

Según San Alfonso de Ligorio (Las Glorias de María), fue revelado a Santa Isabel que, a pedido de Nuestra Señora, Nuestro Señor prometió cuatro gracias principales para los devotos de Sus Dolores:

1. Todos los que, a la hora de la muerte, invoquen la Divina Madre en nombre de Sus Dolores obtendrán un verdadero arrepentimiento de sus pecados;

2. Él protegerá todos los que han tenido esta devoción en sus tribulaciones, y los protegerá especialmente a la hora de la muerte;

3. Grabará en sus mentes la recordación de Su Pasión;

4. Colocará estos siervos devotos en las manos de Su Madre María, para que Ella hace de ellos lo que desea y obtendrá para ellos todas las gracias que desean.

Además de estas cuatro gracias, hay aún siete promesas conectadas a la práctica de rezar siete Ave Marías diariamente, mientras se medita en las Lágrimas y Dolores de Nuestra Señora. Estas siete promesas fueron reveladas a Santa Brígida de Suecia:

1. “Concederé la paz a sus familias”.

2. “Serán iluminados sobre los Misterios divinos”.

3. “Los consolaré en sus dolores y los acompañaré en su trabajo”.

4. Les daré lo que piden, si no contraríe la voluntad adorable de Mi Hijo Divino y la santificación de sus almas”.

5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas”.

6. “Los ayudaré visiblemente a la hora de su muerte – ellos verán la faz de su Madre”.

7. “Obtuve de Mi Divino Hijo esta gracia: que quien propaga esta devoción a Mis Lágrimas y Dolores será llevado directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna, porque todos sus pecados serán perdonados y Mi Hijo será su consuelo y alegría eternales”.

(Prayers and Heavenly Promises de Joan Carroll Cruz; Imprimatur: Mons. Francis B. Schulte, 1989, págs. 34-35)

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MEDITACIÓN SOBRE LOS DOLORES DE MARÍA

I. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en la aflicción de Tu corazón tierno con la profecía del santo viejo Simeón. Querida Madre, por Tu corazón tan afligido, obtén para mí la virtud de la humildad y el Don del santo Temor de Dios. Rece un Ave María.

II. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en la angustia de Tu afectuosísimo corazón durante la fuga al Egipto y Tu estadía allí. Querida Madre, por Tu corazón tan perturbado, obtén para mí la virtud de la generosidad, especialmente para con los pobres, y el Don de la Piedad. Rece un Ave María.

III. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en las ansiedades que perturbaron Tu corazón amargado por la pérdida de Tu querido Jesús. Querida Madre, por Tu corazón tan angustiado, obtén para mí la virtud de la castidad y el Don de la Ciencia. Rece un Ave María.

IV. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en la consternación de Tu corazón al encontrar Jesús cuando cargaba Su Cruz. Querida Madre, por Tu corazón tan perturbado, obtén para mí la virtud de la paciencia y el Don de la Fortaleza. Rece un Ave María.

V. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en el martirio que Tu corazón generoso suportó al estar cerca de Jesús en Su agonía. Querida Madre, por Tu corazón de tal manera afligido, obtén para mí la virtud de la temperancia y el Don del Consejo. Rece un Ave María.

VI. Sufro por Ti, María Dolorosísima, en la herida de Tu corazón compasivo, cuando el lado de Jesús fue alcanzado por la lanza y Su Corazón fue traspasado. Querida Madre, por Tu corazón así traspasado, obtén para mí la virtud de la caridad fraterna y el Don del Entendimiento. Rece un Ave María.

VII. Sufro por Ti, María Dolorosísima, por los dolores que arrancaron Tu amantísimo corazón cuando Jesús fue sepultado. Querida Madre, por Tu corazón hundido en la amargura de la desolación, obtén para mí la virtud de la diligencia y el Don de la Sabiduría. Rece un Ave María.

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En su autobiografía, Santa Teresa de Ávila contó lo siguiente: “Él (Nuestro Señor) me dijo que, cuando resucitó, se mostró a Nuestra Señora, porque Ella estaba muy triste, porque el dolor le traspasó de tal manera el alma que ni consiguió recuperar inmediatamente, para poder aprovechar de aquella alegría. Por eso, vi como era diferente mi dolor. ¿Cómo debería haber sido la de la Virgen? Él (Nuestro Señor) quedó entonces mucho tiempo con Ella porque era necesario para consolarla”.

Nuestra Señora tomó mucho tiempo ultrapasando Su tristeza. ¡Cuán grandes eran, en verdad, los dolores de Nuestra Señora!

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1 Las Glorias de María, por San Alfonso de Ligorio, pág. 478. 2 Ibid

3 Ibid, pág. 492.

4 The Whole Truth About Fatima, Vol. 1, pág. 68.

5 Ibid, págs 158-9

6 Ibid, pág. 182.

7 Esta respuesta de Jesús a Sor Lucía se encuentra en su carta al Padre Gonçalves, con fecha de 18 de mayo de 1936. Cf. The Whole Truth About Fatima, Vol. II, pág. 631.

8 Las Glorias de María, pág. 477.

9 Ibid, pág. 469.

10 Ibid.

11 Ibid. pág. 465.

12 Ibid, pág. 466.

13 Las Glorias de María, pág. 469. 14 Ibid, pág. 464.

15 Ibid. pág. 478.

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