Historia del Patrocinio del Divino Salvador del mundo | «Jesús, Salvador Divino, Ten compasión de mí que soy pecador»

Divino Salvador del Mundo, el Santo Patrono del “pulgarcito” de América desde 1546

La celebración de las fiestas agostinas en San Salvador, que data como día principal el seis de agosto, no solo es de carácter popular, sino que se centra en relatos bíblicos.

En la fundación de la Provincia de San Salvador, el Emperador Carlos V de Alemania y Rey I de España, como era su costumbre, obsequió “La imagen patronal”, es decir, el Divino Salvador del Mundo, la cual se conserva desde 1546 en la Catedral Metropolitana.

La imagen donada por el Emperador Carlos V, no se prestaba “para representar el acto bíblico de la transfiguración, ya que se trata de una bella talla de una sola pieza, lo que hacía difícil el colocarle la vestimenta requerida”, por lo que en 1,777 el artista y devoto Silvestre Antonio García esculpe la imagen actual del Divino Salvador.

En la actualidad, cada 5 de agosto, por la tarde, la imagen sale en procesión de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, que está ubicada sobre la calle Arce, pasa por el Plaza Gerardo Barrios y finaliza su recorrido frente al portón principal de la Catedral Metropolitana, en el corazón del Centro Histórico de San Salvador. Allí se realiza la transfiguración, es decir, el momento en que la imagen sale de una estructura en forma de globo terráqueo vestida de blanco.

Antiguamente la sagrada imagen tenía otro recorrido. Entre 1777 y 1963 la procesión salía de la Iglesia El Calvario, hacía la transfiguración frente a la Plaza de Armas (hoy llamada Parque Libertad) y de allí seguía hasta la Catedral.

Es en el marco del cambio del recorrido que el Arzobispo de la época, Monseñor Luis Chávez y González, prometió a los calvareños que a las 8:00 de la mañana del 5 de agosto la imagen visitaría siempre la Iglesia El Calvario, de donde sería trasladada a la Basílica para que a las 4:00 de la tarde saliera en procesión. Sin embargo, en esta ocasión saldrá a las 2:00 p.m.

La bajada

Sobre el momento solemne que los católicos salvadoreños viven cuando el santo patrono llega hasta la Catedral, existe un explicación religiosa ubicada en el pasaje bíblico del Evangelio de San Mateo, capítulo 17, versículos del 1 al 6. En este texto se plasma la escena en la que Jesús, en la cima del Monte Tabor, se apareció vestido de blanco (ya como Dios hablando con Moisés y Elías) ante tres de sus discípulos, Pedro, Juan y Santiago.

Dado que en la topografía antigua de la capital El Calvario quedaba más arriba del Parque Libertad, la gente le dio en llamar “La Bajada”.

Se conoce que Silvestre García cuidó de la imagen y de las fiestas en su honor hasta su muerte en 1808.

Algunos escritos señalan que desde el año 1,787 una cofradía se encarga de organizar la procesión. Esta se llamó primero Cofradía de la Transfiguración, después pasó a llamarse Cofradía de San Salvador y luego Asociación Cofradía del Divino Salvador del Mundo.

Recientemente los organizadores detallaron que antiguamente la imagen del Salvador del Mundo recorría las calles sobre un camión y el conjunto alcanzaba entre 15 y 20 metros de altura. Así se mantuvo hasta el año 2000 porque, debido a que la ciudad se fue llenando de cables aéreos de telefonía y energía eléctrica, se vieron obligados a recortarle. Ahora es transportada sobre una anda de diez metros de largo.

Indicaron que son 75 personas, que son miembros de distintas cofradías de todo el país, quienes cargan el anda del patrono de los salvadoreños.

No obstante, que la mayoría de personas espera con mucha expectativa el recorrido de la imagen del “Colocho” como le llaman popularmente. La fiesta principal es el 6 de agosto, ese día, por la mañana, se lleva a cabo una solemne misa concelebrada por los miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica.

Jesús nuestro Salvador, en este dìa me uno a Tì, dirigiéndote mi vida y mi corazòn. Espero en ti, porque eres fiel a todas tus promesas, ayúdame a conseguir una esperanza plena, llena de confianza en tu amistad. Una esperanza que rechaza cualquier pensamiento de desanimo y desconfianza. Una esperanza que confía plenamente em ti, JESÚS EN TÍ CONFIO.

Tu palabra como lluvia, caen a mi vida para empaparla y alimentarla, y no regresa sin dar buenos frutos. Hoy nos ofreces las palabras del evangelio de San Lucas 9.28b-36

Hoy Señor, invitas a Pedro, Santiago y Juan a que te acompañen a una experiencia única, subes a lo alto de una montaña a orar, el monte Tabor, estàs orando, sì para variar estàs orando, y siempre este es tu gran mensaje, no dejem de orar, tù mismo nos dijiste que tenemos que ser constantes y perseverantes en la oración, por eso estamos dejando dìa a dìa estos momentitos, para seguir tu ejemplo.

Què impresionante habrá sido este momento, mientras orabas, tu rostro comienza a cambiar, què sublime instante, comienza una verdadera transfiguración, tu rostro resplandece, se diviniza, asì como tus vestidos brillaban de blanco. Una verdadera experiencia para tus discípulos, ven la otra cara de la moneda, ya conocían la humana, ahora les toca ver la divina. Por eso eres el Salvador del mundo, para eso habìas venido, para enseñarnos el camino al cielo y confirmarnos que Tù eras verdadero Dios y verdadero Hombre.

En medio de este acontecimiento, aparecen Moisés, el profeta de la Ley y Elìas, el padre de los profetas, en ellos se representa la Ley y los profetas que apareciendo con gloria, confirman tu misión y te animan, pues el camino que te espera no será fácil, un camino de Cruz, sufrimiento y muerte, que terminarìa en Jerusalèn.

Tus dìscipulos, como en tantas ocasiones, están fuera de la jugada, se caìan de sueño, pero de repente se espabilan, y ven tu gloria junto a estos dos hombres que estaban contigo. Ahì, en ese momento les dejas ver algo de lo que vendrà después, el cielo que tanto anhelamos, es una realidad, que no podemos dejar de ver, meditar y querer, pues es lo que nos espera. Tanta es la fuerza, la paz y la plenitud de ese momento, que Pedro, sin saber muy bien lo que decía, te pide: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Asì son las moradas que nos has ido a preparar, anhelo llegar allà, Señor. Por eso no le quiero tener miedo a la muerte, porque sè que después viene algo mucho mejor.

Señor, terminamos este momento juntos, escuchando la voz del padre, que nos manda este mensaje. “ Este es mi Hijo, el escogido, Escuchadle”. Sin duda que este es un momento solemne, que hay que guardarlo en el corazón, en silencio, y no dejar de meditarlo.

Tù eres el Dios con nosotros, que viniste al mundo, y cada dìa renuevas tu presencia entre nosotros a través de la Eucarìstìa y te transfiguras, eres el Sol Invictus, que no dejas de resplandecer y esto nos llena de esperanza, paz y confianza, y que en medio del dolor y del sufrimiento siempre està tu presencia que consuela y fortalece.

Hoy Señor, mi propósito es consagrar mi país a tu divinidad, a tu designio de Amor, y volver a tener esperanza en medio de los males del mundo que nos asechan, sabiendo que tù los has asumido y cargado, y lo haces como Dios.

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