“¡Qué hermoso es estar contigo, dedicarnos a ti, concentrar de modo exclusivo nuestra existencia en ti!”: Beata Carmen Rendiles

Como alma eucarística, la Beata María del Carmen Rendiles repetía constantemente “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”;esta jaculatoria resume toda su vida de confianza en Dios.

Como un hecho providencial la beatificación de esta mujer eucarística amante del Sagrado Corazón de Jesús sucede hoy en un aniversario del momento en que Nuestro Señor Jesús un 16 de junio de 1675, hace 343 años, se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque y le mostró su Corazón, que según describe la santa, se encontraba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz.

Santa Margarita escuchó a Nuestro Señor decir: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.” Nos corresponde a nosotros reparar todos estos desprecios que recibe el Amor de los amores, confiando plenamente en Él, continuando nuestra oración a su corazón misericordioso como lo hacía Madre Carmen, por la renovación de la fe en toda la extensión de nuestra patria y recordando el milagro aprobado por la Santa Sede que permitió esta beatificación – de la curación perfecta, instantánea y duradera del brazo atrofiado de la Dra. Trinette – le pedimos a Dios que la luz del Espíritu Santo devuelva la salud al pueblo de Venezuela.

Poco tiempo después, el 8 de septiembre de 1927 inicia el noviciado, con el nombre de María Carmen, recién cumplidos los 24 años. El sólo hecho de ingresar en una fundación exigió de la joven religiosa un constante esfuerzo y nega- ción de sí misma, esto lejos de desanimarla se convirtió en medio para dominar su propia voluntad a fin de identificarse con la vida de Jesús en el Santísimo Sacramento: Es preciso que reconozca mi nada y que llegue a practicar esta semejanza con la Hostia, no sólo en la hechura sino en la transformación que se obra en ella. (Escritos espirituales p 24).

La acción de Dios, su apertura a esa acción y el tiempo se encargaron de modelar el alma de la hermana María Carmen. El 8 de septiembre de 1929 hace sus primeros votos y finalmente el 8 de septiembre de 1932 pronuncia sus votos perpetuos y es enviada a la cuna de la congregación en Francia para afianzar su formación religiosa.

A su regreso dos años después es nombrada Maestra de novicias y desempeña sucesivamente varios cargos impor- tantes en la Congregación hasta ser nombrada superiora de las casas en Venezuela y Colombia. Le tocó enfrentar las consecuencias de la distancia al ser interrumpida la comunicación entre Francia y Venezuela a causa de la segunda guerra mundial.

A partir de 1950, época de post guerra, la congregación experimentó en sus manos una notable expansión, la misma se vería obstaculizada a causa del surgimiento entre las hermanas en Francia de un movimiento que buscaba replantearse institucionalmente el carisma fundacional. Este movimiento cobró vida a partir de la Constitución Apostólica “Provida Mater” del Papa Pío XII, en donde aprobaba los estatutos de los Institutos Seculares.

Decidido en Francia el cambio jurídico se inició para las hermanas en América un largo período de lucha por mantener el carisma fundacional. Madre Carmen apoyada por las autoridades eclesiásticas, a cuya cabeza estaba el cardenal José Humberto Quintero y confiada en las manos de Dios no perdió su paz.

En 1961 fueron aprobadas las Constituciones con cambios importantes no dados a conocer a madre Carmen ni a las demás hermanas de América. A partir de ese momento todas la hermanas unidas a Madre Carmen y con el apoyo del episcopado nacional prefirieron pedir la separación de la Congregación madre para formar un Instituto autónomo Agotados todos los medios para lograr la unión, fue aprobada la petición por la Sagrada Congregación de Religiosos mediante Decreto con fecha 23 de noviembre de 1965. Fue nombrada primera Superiora General de la naciente congregación Madre Carmen.

La Madre Carmen trabajó con alma, vida y corazón por la formación espiritual de las hermanas para mejor responder a lo que consideró era la voluntad de Dios: conservar el espíritu fundacional. El testimonio de su vida, su esmero y delicadeza como superiora general, su ternura maternal y su experiencia de Dios fortalecida en un trato continuo con Él, fueron la mejor herramienta para conducir las almas a Dios y mejorar la vida eucarística de Dios en la tierra. “Amar a Dios en el prójimo sin desmejorarle a Él para mejorarme yo” (Escritos Espirituales p 94)

Su disposición interior desde la vivencia de la fe la convirtió en víctima unida a la Víctima del Sagrario. La presencia eucarística se convirtió en ella en fuerza que dinamizaba todo su ser y quehacer diario. Su trabajo principal: me- jorar la vida de Dios sacramentado en el sagrario de su al- ma y en todos los sagrarios de la tierra. Muere en olor de santidad el 9 de mayo de 1977 dejando para sus hijas y para la Iglesia un camino a seguir para encontrar la santidad.

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