Cuaresma: ¡Tu Amor está cerca de mí, oh Dios! ❤️

El Amor me transforma

Jesús es el que más ha amado y es el Señor del amor y de los que aman. En la medida en que nuestra vida se va llenando de amor, Jesús se va «enseñoreando» de ella. Cuando el amor mueve enteramente nuestra vida, Jesús toma definitivamente posesión de ella. Y así, no es que tengamos el amor de Cristo, sino que su amor nos tiene, nos puede, nos dirige y nos asimila en Él.

Jesús será nuestro Señor en la medida que sea él quien viva en nosotros, en la medida en que nos compenetremos con sus pensamientos, sentimientos y actitudes, en la medida en que nuestra voluntad esté entregada a la suya y podamos decir: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

El Amor me permite elegir

“Dios nos deja elegir. Decir sí o no al amor.

Dejarme a mí la elección es respetar mi libertad de persona. Dios, que me ama en libertad, quiere mi amor en libertad.

Hay que vivir bien cada día. ¡Qué verdad tan simple!

Tengo que confiar en que la pizca de amor que siembro ahora producirá muchos frutos,

aquí en este mundo, y en la vida futura”

(Henri Nouwen)

¿Cómo te he amado Jesús?

¡Tarde te amé, oh mi Dios!

(San Agustín)

¡Tarde te amé, oh mi Dios, oh Santa Trinidad,

hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Tú estabas dentro de mí, yo, fuera.

Por fuera te buscaba

y me lanzaba sobre el bien y la belleza

creados por Ti.

Tú estabas conmigo

y yo no estaba contigo ni conmigo.

Al retenerme las cosas lejos de Ti,

yo no te veía

ni te sentía,

ni siquiera te echaba de menos.

Tú, ¡Oh Dios compasivo!

mostraste tu resplandor

y pusiste en fuga mi ceguera.

Exhalaste tu perfume

y aspiré tu belleza.

Ahora respiro y suspiro por Ti.

Viniste a mí y, al encontrarme en Ti,

mi hambre y mi sed quedaron saciados.

Me tocaste, y me abrazo en tu paz.

¿Cómo me ama Jesús?

(Jn. 15, 9-14)

Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa. Éste es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Confiémonos al Amor

PADRE, ME PONGO EN TUS MANOS

Beato Carlos de Foucault

Padre, Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que fuere, Por ello te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Lo acepto todo, Con tal de que se cumpla Tu voluntad en mí Y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.

Te encomiendo mi alma, Te la entrego Con todo el amor de que soy capaz, Porque te amo y necesito darme, Ponerme en tus manos sin medida, Con infinita confianza, Porque tu eres mi Padre.

Lectio Divina V Domingo de Cuaresma

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