El Triunfo del Corazón Inmaculado de María, ¿estás listo?

IMG_9875Han pasado ya tres meses en este jubiloso Centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en Portugal. Cómo vivirlo en verdad? Cómo saber que participo del triunfo de la Santísima Virgen sobre la serpiente antigua? Con la obediencia a su sencillo pedido a Sor Lucía: la Consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón y la Devoción de los Cinco primeros sábados de mes, comenzando un ciclo ininterrumpido este sábado 5 de agosto. Y a su vez viviendo, desde el próximo 9 de agosto, la Consagración de los 33 Días al Corazón Inmaculado de María. Ambas vivencias ofrecidas en Reparación por los agravios y ofensas al Corazón Inmaculado de María.

A veces algo tan sencillo le cuesta mucho a la soberbia de un triste mortal. Y la misma Santísima Virgen nos enseña mucho sobre la belleza de la gran oblación de nuestro querer ante el Querer Divino de Dios. Darle a “Quien hace Proezas con Su Brazo” mi “Sí”, mi “Fiat”: lo cual significa decirle al Señor “Hágase en mí el plan que diseñaste para mí aunque no lo conozca”. Cuando nos sentimos muy autónomos de nuestras vidas no queremos doblar el brazo y pensamos que Dios estropea nuestros planes, que no seré exitoso porque si sigo el camino de Dios me pasará como a San Francisco de Asís y San Alejo despojados de todos sus bienes materiales. Como San José Sánchez del Río y San Junípero Serra que no tenían idea de lo que sucedería “mañana”.

La Santísima Virgen comprendió que la vida terrena no es cuestión de abstenerse de pecar simplemente para ser virtuoso, ni de acomodarme a la Voluntad de Dios para merecer un cielo, va mucho más allá de todo esto… no cabría en esta realidad terrena la inmensa felicidad de la que Dios desea hacernos partícipes, simplemente obedeciendo. Aún queda incomprensible por qué Luzbel tomó la mala decisión que ha retumbado toda la eternidad diciendo: “no obedeceré”.

Como diría San Pablo en su primera epístola a los Corintios: “Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene; y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; pero nosotros, una incorruptible” (9, 25). Y lo más bello de todo es que no es un premio para unos pocos, es un galardón para todos. En el mismo libro del Apocalipsis, el Señor nos lo expresa “No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!” (2, 10).

Estas palabras del Señor Jesús fueron dadas a la Iglesia de Esmirna, y hablando del triunfo del Corazón Inmaculado de María, merece mucho la ocasión para discernir que el contexto de 1917 no dista mucho del 2017, en el que para triunfar con Jesús y María, parece ameritar un alto costo. No en vano el Señor te habla a ti y a mí con esta cita invitándonos a la fidelidad a costa de grandes sacrificios.

En Esmirna hubo un discípulo del Señor muy conocido, un obispo llamado Policarpo. Policarpo siguió las huellas de Jesús hasta la edad de ochenta y seis años, cuando fue ejecutado.

Debido a que no querían que los cristianos se expandieran ni tampoco que se divulgara el Evangelio, pensaron que si tomaban a un obispo como Policarpo, ya anciano, semejante al apóstol Juan, y lo ejecutaban y lo atormentaban, asustarían a todos los cristianos. Entonces lo ataron a un palo en medio de una hoguera y cuando estaban a punto de encenderla, le instaron a que rechazara y blasfemara a Jesús. Y no blasfemó. Le decían: “Vas a morir, viejo, a menos que renuncies a Jesús”. Y se juntaron multitudes, para ver qué iba a hacer. Pero Policarpo les predicó el Evangelio.

Entonces un hombre encendió la hoguera, y otro en ese momento le traspasó con una lanza. Y a medida que chorreaba su sangre, ésta apagaba el fuego. Este sacrificio sigue la estela del Sacrificio de la sangre de Jesús, que apaga el fuego del infierno para que tú nunca tengas que probarlo si le das tu corazón. Ahí tenemos a este hombre que anduvo con Jesús hasta la edad de ochenta y seis años, hasta su último suspiro predicaba a Jesús. El fuego de este mundo no pudo con él.

Entonces te vas a perder la inmensa gracia del Centenario de Fátima al “dejar para cuando te nazca” el vivir los Cinco primeros sábados de mes y consagrar tu corazón a Dios por manos de María Santísima? Es hora de elegir bien: o estás con el diablo o estás en el ejército de María Inmaculada?

Mientras se va cristalizando la promesa de la Santísima Virgen “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”, graba en tu corazón la exhortación del Señor “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Cfr. Ap 2, 10) y no digas que no te dijeron de este gran regalazo del cielo.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s