.:Arrepentimiento, Conversión, Penitencia: La clave del mensaje de Fátima:.

París, Francia (MMI).- Hace un siglo, el cielo le exclama a tres Pastorcitos: “Penitencia, Penitencia, Penitencia”. Pero qué es penitencia?

La penitencia es la respuesta al mal cometido en reconocimiento de ese mal y como Reparación o resarcimiento del mismo, escribía Santiago Lanús. Y es por tanto, un signo elocuente de conversión. Los sacrificios y las penitencias son la oposición al placer, al miedo al dolor y sufrimiento. A una constante evasión de la realidad y un profundo deseo de confort. Cómo se puede explicar el deseo de los santos por vivir mayor sufrimiento? Más que una decisión es una gracia que debemos pedir -con mayor razón en vísperas de Pentecostés- y nace del arrepentimiento, de la iluminación interior que el Espíritu Santo provee a quien busca de corazón no ofender más a Dios. Ya no quiere dañar más su propia naturaleza, ni atentar contra sí mismo. Pero quién es este Dios?

Dios no es un sentimiento ni el cúmulo de experiencias espirituales de una persona, esto nos ayuda a divisar pequeños destellos de su infinita bondad, que no es solo un atributo de Él, sino que Él mismo es la bondad, pero con esta idea no conocemos la realidad de Dios de modo absoluto. Uno enemigo de hoy es pensar que me dirijo a Dios a mí propia manera o busco a Dios “cuando me nace”. O apelo continuamente a su bondad en un juego manipulador. Dios es real. Se tiende a pensar que Dios es bueno cuando veo una maravilla, o que Dios es malo porque hay una guerra. Dios es Amor. Dios es Dios. Jesucristo es Jesucristo y el Evangelio es una sola pieza. No se puede concebir un Evangelio que quiera la mitad de Cristo y descarte la otra porque no es consona a los propios deseos, y así dejar a merced de escoger lo que les gusta o no. Esta desmedida de querer un Dios “mi manera” es la que conlleva a la indiferencia, la blasfemia y el desprecio hacia Él. En su núcleo esto es egoísmo, es una existencia que se cierra, que no reconoce la magnitud que puede ocasionar la más mínima de sus acciones fuera de su naturaleza humana, al desvirtuar su imagen y semejanza del Creador. Aquí vale la pena pensar en la figura de Lucifer cuando dice “no serviré”, se puede escuchar: no cooperaré, no dispondrás de mí, no quiero nada contigo. Que aún resuena en nuestro mundo de hoy, en el vasto y creciente comunismo que carcome y desfigura la obra más preciada de Dios. Una ruptura que dejó a la eternidad en un sumido silencio ante tal afrenta.

Por tanto, Caminar en búsqueda del sentido de la Reparación nos conduce al encuentro del valor de nuestra Redención, el pago infinito que Jesucristo canjeó por nuestras almas. A esto se contrapone que muchas veces queremos ser salvados “temporalmente” de una circunstancia pero en realidad no queremos ser salvados del mal y sus consecuencias que es el pecado, y de La muerte eterna. Es una bofetada al Señor querer no sufrir en esta vida pero con nuestras acciones querer estar toda una eternidad sin Él. Cuan doloroso debe ser esto, por eso la Santa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo no acaba. Por tal razón, la Virgen Santísima insiste en reparar: ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores, consolar a Dios que ha sido muy ofendido. Entrar en sintonía de este pedido de Nuestra Señor a Sor Lucía es no perder el tiempo en promover y vivir los Cinco primeros sábados de mes. Pero por qué hacerlos?

La humanidad atraviesa por un grave cuadro de patologías espirituales y Morales . En el siglo XX fue patente el intento del marxismo por pulverizar con el comunismo a la Fe cristiana. El siglo XXI solo avisora una nueva batalla contra la imagen y semejanza de Dios en cada persona, queriendo desfigurarla con la ideología de género. Es decir que el nuevo proletariado son quienes llevan la bandera LGTBI, sin descontar los más de 60 géneros. Situación que no dista de la esencia del tercer secreto de Fátima: “Si no se convierten, Rusia esparcirá sus errores”.

San Juan Pablo II en Fulda, Alemania, a un grupo de periodistas que le preguntaban sobre el tercer secreto, respondió:
“si quiere saber más, rece el rosario, esta es la clave para entender estos asuntos”.

Ignacio Ramón
María Madre de la Iglesia
profundizando el Mensaje de Fátima en su Centenario

FotografíaIMG_6018: Andrés Díaz 

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