Las espinas del Corazón Inmaculado

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El Padre Alonso, en su estudio sobre el Mensaje de Pontevedra (se refiere aquí a la aparición de la Santísima Virgen con El Niño Jesús a Sor Lucía en 1929), hace un extenso y útil comentarío sobre las cinco ofensas contra el Corazón Inmaculado de María enumeradas por Nuestro Señor.

Las blasfemias de hombres herejes, cismáticos e impíos A partir de 1962, cegados por un ecumenismo engañador, hemos tenido la tendencia de olvidar que existe una verdad evidente, recordada aquí por el Mensaje de Fátima: Aquéllos que obstinadamente y con pleno conocimiento abiertamente niegan las prerrogativas de la Santísima Virgen María, cometen las blasfemias más odiosas en cuanto a Ella.

Primera blasfemia: Contra la Inmaculada Concepción. El Padre Alonso pregunta: ¿Quiénes son aquéllos que pueden cometer esta ofensa contra el Corazón Inmaculado de María? La respuesta no deja duda: “En primer lugar y en general, las sectas protestantes que rehusan recibir el dogma definido por el Papa Pío IX y que han continuado sosteniendo que la Santísima Virgen fue concebida con la mancha del pecado original y aún de pecados personales. Lo mismo podría decirse de los Cristianos orientales (disidentes), puesto que a pesar de su gran devoción Mariana, ellos también rehusan este dogma”.

Segunda blasfemia: Aunque los Ortodoxos la admiten, la mayoría de los Protestantes también rechazan la virginidad perfecta y perpetua de María “antes, durante y después de dar a luz”.

Tercera blasfemia: Aunque ellos teóricamente aceptan la Maternidad Divina de María definida en el Concilio de Efeso, se niegan a reconocerla como la Madre de los hombres en el sentido católico, que implica Su papel como Corredentora y Mediadora de gracia.

Cuarta blasfemia: Se refiere a la perversión de los niños por los enemigos de Nuestra Señora, quienes luchan para inculcar indiferencia, desprecio o inclusive odio hacia la Virgen Inmaculada;

y la quinta blasfemia, por la cual La ultrajan en Sus imágenes sagradas. Estos dos últimos pecados son sólo la consecuencia lógica de los tres primeros, y frecuentemente van unidos a aquéllos. A la iconoclasia, o por lo menos el rechazo obstinado de la teología católica respecto de las imágenes sagradas, le falta mucho para que desaparezca. En resumen, por tres siglos y medio la contra iglesia ha estado librando una lucha furiosa y sin descanso contra la Virgen Inmaculada, contra la promoción de devoción a Ella, contra Su soberanía en los corazones y sobre todas las sociedades. Siguiendo los pasos del protestantismo, viniendo después el jansenismo y su frío desprecio por una devoción verdadera a la Santísima Virgen, el racionalismo de los siglos XVIII y XIX, así como el modernismo del siglo XX, esas fuerzas contrarias continúan atacando la doctrina y devoción Mariana con el mismo desprecio y alevosía. Por fin, es conocimiento común la forma como el comunismo Bolchevique intentó por todos los medios posibles destruir la veneración profunda de la Madre de Dios, anclada en el alma del pueblo ruso. Los íconos sagrados tuvieron que desaparecer, fueron destruidos o escondidos… y todavía esperan un día más feliz.

Las blasfemias de hijos rebeldes e ingratos

Pero hay algo más grave, muchísimo más serio que todas las ofensas de hombres herejes, cismáticos, apóstatas e impíos. Son las blasfemias de los propios hijos de la Iglesia contra el Corazón Inmaculado de María. Con el pasar del tiempo, el mensaje de Pontevedra parece asombrosamente profético. El Padre Ricardo, líder del Ejército Azul en Francia, y quien muy difícilmente podría considerarse sospechoso de pesimismo abusivo, comenta a este respecto: “¿Quién pudo haberse imaginado hace 50 años que estas cinco grandes ofensas contra María se extenderían dentro del clero de la Iglesia Católica misma, y que un gran número de niños bautizados y catequizados en nuestras parroquias no sabrían ya rezar el ‘Ave María’?”

El Padre Alonso se vió obligado a hacer observaciones parecidas. Esta situación se ha vuelto tan prevalente hoy, que todo comentario resulta superfluo. Hay ciertos teólogos, ciertos sacerdotes y ciertos obispos que son cupables de las cinco blasfemias. No son sólo unos pocos casos excepcionales; son cientos y tal vez miles. No es suficiente hacer una observación sobre este hecho. Tenemos que descubrir las causas de esto y explicar cómo fue que llegamos a este punto. El Padre Alonso, al menos, describió el acontecimiento con exactitud: La gran “era Mariana”, inaugurada en 1854 con la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, él se atrave a escribir, terminó con el Concilio Vaticano Segundo. Pero, ¿cómo sucedió esto? Y ¿por qué esta declinación alarmante de la devoción Mariana, que todavía estaba en plena flor cuando murió el Papa Pío XII? Esto es lo que tendremos que examinar después, en el contexto del Tercer Secreto.* Sin embargo, comentemos ahora mismo que el primer elemento del Mensaje de Fátima es la fe — fe precisa y dogmática. Una devoción verdadera a la Santísima Virgen siempre y necesariamente presupone fe en Sus privilegios y prerrogativas infaliblemente definidos por el Papa, o enseñados por el magisterio ordinario y unánimemente creídos por siglos por los Fieles. Es también cierto que los pecados más graves contra la Santísima Virgen son primero que todo pecados contra la fe. Esta importante lección debe mantenerse en mente.

La principal espina del Corazón de la Madre Santísima es la frontal afrenta al Amor de Dios, vista en la casa vez más profunda y aberrante negación del Santo Nombre de Dios en las naciones. El sincretismo de algunos que llamándose católicos comulgan simultáneamente con ideas marxistas comunistas. Comunismo y Evangelio son incompatibles. Y como hemos insistido en numerosos de nuestros artículos, Su Santidad Pío XI declaraba “El comunismo es intrínsecamente malo, y no se puede admitir que colaboren con el comunismo, en terreno alguno, los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen al establecimiento del comunismo en sus propios países, serán los primeros en pagar el castigo de su error; y cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista.” (Carta Encíclica ‘Divini Redemptoris’ sobre el comunismo ateo, n. 60)

José Ignacio Ramón

Director-Editor

María Madre de la Iglesia

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