La Crisis de Venezuela: independencia acribillada en el tiempo

Así como cuando llueve y no lo puedes prever en el pronóstico del tiempo, al igual que como también puedes estar despierto cuando llega el ladrón, o como quien siente el fulminante infarto, se puede llegar a la conclusión de que nadie esperaba ver a la Venezuela saudita del boom petrolero convertida en un mar de miseria, opresión, degeneración y sangre corriendo por las calles que Bolívar un día libertó.

Lo que es progresivo y cae como una constante gota de agua, es difícil de palpar, como dice el dicho popular “hasta que rompe el cántaro”. Con esto podemos describir muy bien la barbarie perpetrada gradualmente, control de cambio, mercado paralelo, fuga de divisas con empresas fantasmas, anulación de la empresa privada a través de la nacionalización de algunas de ellas, comenzando por las grandes trasnacionales, desaparición de los rubros básicos y medicamentos tanto los de fácil acceso como los recetados por los especialistas, sin dejar de mencionar que entre los derechos humanos de un venezolano ni siquiera se considera el derecho a la supervivencia, mucho menos que su voz, su libertad de expresión y culto no se haya visto atacada desde distintas aristas de la izquierda. Aislando más y más aún a una nación que interconectaba a sus hermanas naciones en el continente americano por sus valores democráticos, su libertad, su constitución, su estabilidad y acogida de incontables inmigrantes.

¿Será posible considerar alguna esperanza de vida en los años venideros a las generaciones nacientes? Muchos jóvenes emigrantes no salen de la consternación psicológica a la que ha sido sometido el país con un sutil izquierdismo, especialmente diseñado para confundir y dividir, logrando vulnerar y manipular los poderes públicos, aunque ganara mayoría opositora en el poder legislativo, unos parlamentarios terminaron seducidos por las ofertas de sus contendientes políticos, otros amedrentados al querer hacer verdadera oposición. Convirtiéndose así Venezuela en una tierra sin ley, inmersa en incontables crímenes de lesa humanidad, pero frente a esto contamos con el respaldo de la Iglesia Católica, como lo expresaba Su Santidad Pío XI “Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar, y no calló. No calló esta Sede Apostólica, que sabe que es misión propia suya la defensa de la verdad, de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo rechaza y combate” (Carta Encíclica ‘Divini Redemptoris’ sobre el comunismo ateo, n. 11).

Ante esto, incontables ocasiones ha tenido la Conferencia Episcopal Venezolana de señalar y exhortar al gobierno de turno, la implementación de políticas que nos socaven más las riquezas, libertades, oportunidades de crecimiento de la nación y no estatizar a la empresa privada, de quienes se suplen los servicios que favorecen a los venezolanos. Por lo que las calles empezaron a arder, ante una latente amenaza aparentemente inofensiva que en 1999 era impredecible, pero ahora “Tales hechos permiten deducir algo que nos preocupa grandemente: que ellos puedan constituir el intento de imponer un pensamiento único. Ante esto es imperativo que el Gobierno y el sector político oficial precisen, sin ambigüedad ni dilación, su reiterada propuesta englobante de “Socialismo del Siglo XXI”.” (Exhortación de la 86 Asamblea Ordinaria, Junio 2013).

Por tanto, la bimilenaria Iglesia Católica ha recibido en muchos lugares donde se han asentado regímenes totalitarios, el más atroz de los ataques, tan sólo por desenmascarar al vil tirano a lo largo de las distintas décadas, lo afirma también el mismo Pío XI “El comunismo de hoy, de un modo más acentuado que otros movimientos similares del pasado, encierra en sí mismo una idea de aparente redención. Un seudo ideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo satura toda su doctrina y toda su actividad con un cierto misticismo falso, que a las masas halagadas por falaces promesas comunica un ímpetu y tu entusiasmo contagiosos, especialmente en un tiempo come el nuestro, en el que por la defectuosa distribución de los bienes de este mundo se ha producido una miseria general hasta ahora desconocida. Más aún: se hace alarde de este seudo ideal, como si hubiera sido el iniciador de un progreso económico, progreso que, si en algunas regiones es real, se explica por otras causas muy distintas, como son la intensificación de la productividad industrial en países que hasta ahora carecían de ella; el cultivo de ingentes riquezas naturales, sin consideración alguna a los valores humanos, y el uso de métodos inhumanos para realizar grandes trabajos con un salario indigno del hombre”.

La abundancia de recursos naturales y minerales ha sido el centro de interés desde la época colonial, no es de ayer ver incontables adversarios, les faltaba aniquilar a uno de sus más temibles: la libertad de prensa y expresión con sus periódicos extintos, radios a las que nunca más se le renovaron las requeridas concesiones, las televisoras cercenadas a ceder sus instalaciones por llevar una línea editorial contraria a los principios marxista-socialistas-comunistas del gobierno bolivariano.

Ante esto, solo queda una esperanza “Las angustias y esperanzas del pueblo venezolano son compartidas en estos momentos por numerosas instancias nacionales e internacionales. El gobierno no debe declararlas ajenas a nuestros derechos ni culpar a quienes acuden a ellas legítimamente, denunciando injerencias y aduciendo soberanía e independencia, ya que vivimos en un mundo interconectado y globalizado. Ni los derechos humanos, ni la justicia tienen fronteras. No nos dejemos robar la esperanza que hace posible, con la ayuda de Dios, lo que parece imposible (Cf. Lc. 1, 37).” (Exhortación de la 106 Asamblea de la CEV, Julio 2016).

José Ignacio Ramón

Director-Editor

María Madre de la Iglesia

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