V Centenario de Santa Teresa de Jesús: “Es que Dios vivía en mí”

Imagen de Teresa de Jesús venerada en el convento de La SantaCon sus sandalias desgastadas, el alma enamorada y ensanchada por la gracia pero atinada por la osadía para emprender grandes empresas, describe a la fémina Teresa Cepeda y Ahumada, muy conocida como Santa Teresa de Jesús, aunque fue enemiguísima de ser monja, es recordada por sus coterraneos abulenses como la mujer que ha hecho resonar en todos los rincones de la tierra el nombre de Ávila, una Villa amurallada que la vio nacer hace 500 años, un 28 de marzo de 1515.

Durante la celebración eucarística que memorara tan gran acontecimiento, Jesús le dice a la samaritana, según el Evangelio de San Juan: “Soy yo quién te habla”. De seguro Santa Teresa se ha identificado con la mujer confundida de Samaria deseosa de beber la cristalina y pura agua de la Verdad que sacia, encontrando un motor para esa cisterna de vigor vital que la caracterizó hasta tal punto que la llevó a luchar por recuperar el espíritu de los orígenes del Carmelo en sus 17 fundaciones: Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Duruelo, Toledo, Pastrana, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla, Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria, Granada, Burgos y Alba de Tormes, donde entregó su alma al Creador.

Para el siglo XXI resulta admirable la prolífica y rica producción literaria de la mística doctora de la Iglesia (declarada en 1970 por el Beato Pablo VI) pero se desconoce el hecho de que aprendió a leer y escribir a temprana edad en un siglo (XVI) en que Teresa con semejante talante supo sacar de la penumbra la figura de la mujer en una sociedad donde sólo el hombre tenía espacio. Entonces con mayor razón se dispuso a cultivar en sus hijas un espíritu de estudio en sus conventos con un itinerario que iniciaba desde la alfabetización a la lectura de los clásicos, vidas de santos y una honda pasión por la viva Palabra de Dios.

Parece coincidencia pero no lo es, el hecho de que la fecha del nacimiento de la Santa se conmemore a las puertas de la Semana Santa. El mismo tiempo litúrgico que coincide con el V Centenario habla de la profunda devoción y amor de Teresa por Jesús atado a la columna, tan así es que en la exposición inaugurada recientemente (abierta hasta noviembre en Ávila y Alba de Tormes) por Doña Sofía de España; exposición llamada ‘Teresa, Maestra de la Oración’ rememora en hermosas esculturas la aparición del mismo Jesucristo atado de pies y manos, hiriendo su corazón para despertar en ella la reparación por aquellos que le abandonan, especialmente de sus hermanas consagradas que se habían relajado. Entonces, movido lo más íntimo de Teresa, apasionada por el Dios de quien no se siente acreedora de sus Misericordias, reforma el Carmelo queriendo volver al espíritu de la regla en sus orígenes, invitando a “sólo fijen su mirada en Él [···] y no os engañe nadie” (C. 21).

La Teresa mística que muchos pretenden alienar, es una mujer humana y hasta con antojos. En su carta a Lorenzo de Cepeda (1577) le expresa que “al obispo envié a pedir el libro [Libro de la Vida], porque quizá ‘sé me antojará de acabarle con lo que después me ha dado el Señor, que se podría hacer otro y grande, y si el Señor quiere acertase a decir, y sino, poco se pierde”. Sus actitudes son conducentes a una suma intención “Sabe su Majestad que, después de obedecer, es mi intención engolosinar las almas de un bien tan alto” (Libro de la Vida).

Explorando el contexto que hizo emerger la verdadera Teresa, se pueden mencionar los siguientes momentos históricos coyunturales:
* Teresa al pensar en el descubrimiento de América, le despertaba el Señor el ímpetu misionero que la llevó a fundar conventos, y aunque clérigos se le opusieron tuvo el coraje de aportar lo que sentía que podía desde su realidad y vocación.

* Miraba con detenimiento el Cisma de oriente y occidente donde encontraba que el sentido de la Misión debe conducir a la búsqueda de los orígenes, no los propios intereses y caprichos.

* La visión negativa y marginada de la mujer, siempre dependiente del hombre, le hacía decir ‘solamente por ser mujer se me caen las alas’, lo que la catapultó a tener firmeza ante los varones. A sus monjas les decía “el Señor las hará ‘varoniles’ que espanten a los hombres”. De ella se ha dicho “aunque fue mujer en la naturaleza, pero en el valor y en el espíritu, en celo y grandeza de corazón, en la fortaleza del ánimo y superioridad al pensar, al resolver, al ejecutar, al obrar, ‘fue un varón esclarecido’ [···] todo cuanto escribe más parece que procede de pecho magnánimo, grande varonil que de una humilde y descalza religiosa”. Les resultaba impresionante que una mujer pudiese escribir con tanta profundidad, que finalmente atribuyen al favor del Espíritu Santo, a quien solicitaba “gracia para que con toda claridad y verdad yo haga esta relación que mis confesores me mandan; y aun el Señor sé yo lo quiere muchos días ha, sino que yo no me he atrevido” (V prólogo, 2).

* El nacimiento de la subjetividad, donde se le da más importancia al sujeto y su autonomía, esto influye en su experiencia personal, que le impulsará a vivir una espiritualidad nueva que invita a mirar al interior, al recogimiento. Sin descontar el hecho de que en su tiempo “han acaecido grandes ilusiones y engaños (pseudo-mística) en mujeres que les había hecho el demonio” lo cuál le hacía temer, pues ya unas cuantas habían ido a la hoguera o a la horca.

Su vida, sus escritos, sus experiencias muestran una gran certeza: la dignidad de toda persona. “No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad… su gran dignidad y hermosura” ( I M I, I). A su vez tiene otra gran certeza: siente que el mismo Dios la instruye “porque he tenido tanto en qué pensar y recogerme en lo que veía presente, y ha tenido tanto amor el Señor conmigo para enseñarme de muchas maneras, que muy poca o casi ninguna necesidad he tenido de libros. Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades. ¡Bendito sea tal libro, que deja imprimido (impreso) lo que se ha de leer y hacer de manera que no se puede olvidar!” (Vida 28).

En su itinerario espiritual, le metían miedo los varones “estándome sola, sin tener persona con quien descansar, ni podía rezar ni leer, sino como persona espantada de tanta tribulación y temor de si me había de engañar el demonio, toda alborotada y fatigada, sin saber qué hacer de mí” (Vida 25).
¿Cómo perdió ese miedo a lo que estaba viviendo? Se descubrió vivida por Dios. “Es que vivía Dios en mí [···] Veía en mí una grandísima seguridad que era Dios, en especial cuando estaba en la oración, y veía que quedaba de allí muy mejorada y con más fortaleza. Mas, en distrayéndome un poco, tornaba a temer” (Vida 23).

Un aspecto de especial atención para la vida espíritual que también lega Santa Teresa: “No entiendo estos miedos: ‘¡demonio! ¡demonio!’, adonde podemos decir ‘¡Dios! ¡Dios!’, y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que no se puede menear si el Señor no lo permite, ¿Qué es esto? Tengo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo, porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confesores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir. ¡Bendito sea el Señor que tan de veras me ha ayudado!” (Vida 25).

Teresa busca a Dios, tenía claro que no era perfecta, por eso camina con los personajes bíblicos, se identifica con las mujeres de las Escrituras para encontrarse con Cristo y señalaba que “Caro costaría, si no pudiésemos buscar a Dios sino cuando estuviésemos muertos al mundo. No lo estaba la Magdalena, ni la Samaritana, ni la Cananea, cuando le hallaron” (Vej 6-7).

Una gracia particular que vivía era el don de la libertad “No consistáis, oh hermanas, que sea esclava de nadie vuestra voluntad, sino del que la compró con Su Sangre” (C, 4). “Es una bendición verse libres de los cansancios y leyes del mundo” (Vida 37). “Los caballeros del mundo son esclavos y vosotras [las descalzas] señoras” (CAD 2).

Su idea de fundar conventos no era romántica sino revolucionaria en un tiempo donde la segregación social estaba marcada por las clases. Lo que le costó muchísimo “No se podrá escribir en breve la gran persecución que vino sobre nosotras, los dichos, las risas, él decir que era disparate” (Vida 32). Estas fundaciones las organiza con mirada de mujer, quitando aquellas cosas que iban en exceso. Frente a privilegios de monjas “ricas y nobles”, opta por la pobreza. Frente a la “honra”, opta por la igualdad. Frente al trabajo visto como degradación, opta que por el trabajo manual se sustenten (libres de bienhechores).
Queriendo así que viviendo la esencialidad del Evangelio sirviese para fundar la nueva sociedad. “Nunca dejéis de recibir las que vienen a ser monjas porque no tengan bienes de fortuna, si tienen virtudes” (F 27). “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas sé han de ayudar” (C 6).

Reconocía en sí su vocación misionera y sacerdotal por el bautismo “alabe muy mucho al Señor el alma… que le dio letras y talentos y libertad para predicar y confesar y llegar almas a Dios…” (Vida 30). Teresa se quería meter en la mitad del mundo por ver si pudiese hacer parte para que un alma alabase más a Dios.

Pero en el seguimiento de Dios, Teresa señala una condición importante que no sólo fue aplicable a quienes ingresaban en sus conventos, sino también para el cristiano de hoy manifestando “Ahora, pues, tomando a los que quieren beber de esta agua de vida… digo que importa mucho, y él todo… una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella… MURMURE QUIEN MURMURARE. [···] Como muchas veces acaecen con decirnos ‘hay peligros’, ‘fulana por aquí se perdió’, ‘el otro se engañó’, ‘el otro, que rezaba, cayó’, ‘dañan la virtud’, ‘basta con el padrenuestro y el avemaría'” (CE 35; CV 21).

Para la Misa Votiva del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa, Su Santidad Francisco envió un cálido mensaje donde ha invitado a la Iglesia universal a pedirle a Teresa “nos regale la devoción y el fervor que ella tenía a San José. Harto bien haría que los que pasen por la prueba del dolor, la enfermedad, la soledad, quienes se sienten agobiados o entristecidos recurrieran a este insigne Patriarca con el amor y la confianza que lo hacía La Santa. <No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer… A este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hace cuánto le pide> (Vida 6). ‘Glorioso Patriarca San José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles… Muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder’, dice una antigua oración inspirada en la experiencia de la Santa”.

Luego de pisar las huellas de Teresa, el peregrino puede encontrar que el secreto de la vida está en como decía la misma santa “llaneza y claridad por la que yo soy perdida [···] ¡Qué señorío tiene un alma que el Señor llega aquí, que lo mire todo sin estar enredada en ello!” (Vida 20) quien descubre de fondo que en este mundo, donde reina la mentira y falsedad, sólo Dios basta.

Teresa interpela al cristiano y a ti lector: “¿Qué viento os lleva, el del miedo o el del Espíritu?”.

Puede agregar en voz profética, de cara a la Eternidad: “¡Oh, válgame Dios! ¡Cuán diferente entenderemos estas ignorancias en el día adonde se entenderá la Verdad de todas las cosas!” (F 29).

Jose Ignacio Ramon / mariamadreiglesa@gmail.com / @mariamadreigles

Un comentario Agrega el tuyo

  1. carmen de Angola dice:

    Excelente literario de Santa Teresa, ejemplo a seguir , como modelo de la Fe Cristina

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