Meditaciones preparatorias a la Consagración al Inmaculado Corazón de María

Meditaciones preparatorias a la Consagración al Inmaculado Corazón de María

DIOS ESCLAVO NUESTRO
Dios “se hizo esclavo” (Flp 2, 7) por amor a María y a todo el mundo. María se hizo “esclava” (Lc 1, 38) por amor a Dios y a todo el mundo.
De la misma forma nosotros debemos ser esclavos de Jesús y de María, entregándonos a Ellos. Y debemos ser esclavos no sólo de Jesús (Rm 6, 18-19) y de María sino inclusive los unos de los otros, según lo sugiere la Sagrada Escritura (Mt 20, 27; Mc 10, 44; 1 Cor 9, 19; 2 Cor 4, 5), siendo “mutuamente esclavos de amor” (Gal 5, 13) aunque combatiendo siempre con cualquier esclavitud embrutecedora (1 Cor 7, 23. 21; Gal 5, 1).

EL SECRETO NUNCA REVELADO
Este secreto no se lo reveles a todos. La eficacia de este secreto corresponde al uso que se hace de él. ¡Cuidado con cruzarte de brazos! Pues mi secreto se convertiría en veneno y vendría a ser tu condenación. Da gracias a Dios cuando conozcas este secreto que no merecías conocer. Al principio lo apreciarás sólo imperfectamente, dada la multitud y gravedad de tus pecados y el oculto apego que tienes a ti mismo. Y antes de satisfacer tu natural y precipitado afán de conocer la verdad, recita devotamente el “Oh Santa María de mares estrella”.
Alma, tú que eres imagen viviente de Dios y has sido rescatada con la Sangre Preciosa de Jesucristo, Dios quiere que te hagas santo como Él en esta vida y que participes en su gloria por la eternidad.
Tu verdadera vocación consiste en adquirir la santidad de Dios. A ello debes orientar todos tus pensamientos, palabras y acciones, tus sufrimientos y las aspiraciones de toda tu vida. De lo contrario, resistes a Dios, dejando de hacer aquello para lo cual te ha creado y te sigue conservando con vida.
¡Oh! ¡Qué obra tan maravillosa! El polvo se trueca en luz, la fealdad en esplendor, el pecado en santidad, la creatura en su Creador y el hombre en Dios! ¡Qué obra tan maravillosa lo repito! Pero difícil en sí. Nadie sino Dios con su gracia, y gracia abundante y extraordinaria puede realizarla con éxito; la creación del universo no es una obra maestra tan excelente como ésta.
Para llegar hasta Dios y unirse con Él es indispensable el mismo instrumento escogido por Él para descender hasta nosotros, hacerse hombre y comunicarnos sus gracias. Esto se realiza mediante una verdadera devoción a la Virgen. El secreto consiste en consagrarse totalmente, en calidad de esclavo, a María, y por Ella a Jesucristo. Te comprometes, por tanto, a hacerlo todo con María, en María, por María y para María.

Doce días para vaciarse del espíritu del mundo
1.- Las bienaventuranzas
Reflexión: “Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios (Lc 6, 20).
Propósito: trataré de vivir como María en Belén la bienaventuranza de la pobreza en los momentos en los cuales no consigo lo que considero necesario o útil para mí y para los demás.

Tratado de la Verdadera Devoción:
227. Ésta es la preparación al Reinado de Jesucristo, lo cual comienza con vaciarse del espíritu del mundo, contrario a Jesucristo, dedicando doce días por lo menos y tres semanas en llenarse de Jesucristo por medio de la Santísima Virgen.
213. Persuádete hermano carísimo, de que, si eres fiel a las prácticas interiores y exteriores de esta devoción, las cuales voy a indicar más adelante, participarás de los frutos maravillosos que produce en el alma fiel.

a.- Conocimiento y desprecio de sí mismo
Gracias a la luz que te comunicará el Espíritu Santo por medio de María, su querida Esposa, conocerás tu mal fondo, tu corrupción e incapacidad para todo lo bueno, si Dios no es su principio como autor de la naturaleza o de la gracia. Y, a consecuencia de este conocimiento, te despreciarás y no pensarás en ti mismo como sino con horror. Te considerarás como un caracol, que todo lo mancha con baba; como un sapo que todo lo emponzoña con su veneno, o como una serpiente maligna, que sólo pretende engañar. En fin, la humilde María te hará participe de su profunda humildad, y mediante Ella te despreciarás a ti mismo, no despreciarás a nadie y gustarás de ser menospreciado.

b.- Participación en la fe de María
214. La Santísima Virgen te hará partícipe de su fe. La cual fue mayor que la de todos los patriarcas, profetas, apóstoles y todos los demás santos. Ahora que reina en los cielos, no tiene ya esa fe, porque ve claramente todas las cosas en Dios por la luz de la gloria. Sin embargo, con el consentimiento del Altísimo, no la ha perdido al entrar en la gloria: la conserva para comunicarla a sus más fieles seguidores en la Iglesia peregrina.
Por lo mismo, cuanto más te granjees la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, tanto más reciamente se cimentará toda tu vida en una fe verdadera:
* Una fe pura que hará que no te preocupes por lo sensible y extraordinario;
* Una fe viva y animada por la caridad que te hará obrar siempre por el amor más puro;
* Una fe firme e inconmovible como una roca, que te ayudará a permanecer siempre firme y constante en medio de las tempestades y tormentas;
* Una fe penetrante y eficaz, que como misteriosa llave maestra, te permitirá entrar en todos los misterios de Jesucristo, las postrimerías del hombre y el corazón del mismo Dios;
* Un a fe intrépida que te llevará a emprender y llevar a cabo, sin titubear, grandes empresas por Dios y por la salvación de las almas; finalmente,
* Una fe que será tu antorcha encendida, tu vida diaria, tu tesoro escondido de la divina sabiduría y tu arma omnipotente, de la cual te servirás para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para inflamar a los tibios y necesitados del oro encendido de la caridad, para resucitar a los muertos por el pecado, para conmover y convertir –con tus suaves palabras y poderosas- los corazones de mármol y los cedros del Líbano y, finalmente, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación.

2.- En Nazaret rechazan a Jesús
Reflexión: “Se rebajó a sí mismo hasta no ser nada, tomando la condición de esclavo” (Filp 2, 7).
Propósito: haré apostolado en donde vivo o trabajo, animando a alguna persona a incorporarse en cualquier comunidad cristiana de base, o a meditar constantemente en las Sagradas Escrituras o a encariñarse con la esclavitud de amor.

Tratado de la Verdadera Devoción:
215. Esta Madre del Amor Hermoso quitará de tu corazón todo escrúpulo y temor servil desordenado, y lo abrirá y ensanchará para correr por los mandamientos de su Hijo con la santa libertad de los hijos de Dios, y para encender en el alma el amor puro, cuya tesorera es Ella. De modo que tu comportamiento con el Dios-Caridad ya no te gobernarás como hasta ahora por temor, sino por amor puro. Lo mirarás como a tu Padre bondadoso, te afanarás por agradarle siempre y dialogarás con Él en forma confidencial como un hijo con su cariñoso padre. Sí, por desgracia, llegaras a ofenderlo, te humillarás al punto delante de Él, le pedirás perdón humildemente, tenderás hacia Él la mano con sencillez, te levantarás de nuevo amorosamente sin turbación ni inquietud y seguirás caminando hacia Él sin descorazonarlo.
216. La Santísima Virgen te colmará de gran confianza en Dios y en Ella misma:
1. porque ya no te acercarás por ti mismo a Jesucristo, sino siempre por medio de María, tu bondadosa Madre;
2. habiéndole entregado tus méritos, gracias y satisfacciones para que disponga de ellos según su voluntad, Ella te comunicará sus virtudes y te revestirá con sus méritos, de suerte que podrás decir a Dios con plena confianza: ¡Ésta es María, tu servidora! ¡Hágase en mí según lo que me has dicho!
3. habiéndote entregado totalmente a Ella –en cuerpo y alma-, Ella que es generosa, se entregará a ti, en recompensa de forma maravillosa, pero real, de suerte que podrás decirle con santa osadía: soy tuyo, ¡Oh María! Sálvame. O con el discípulo amado –como he dicho antes- “¡Te he tomado, María Santísima, por todos mis bienes!” o con el pseudo Buenaventura: “Querida Señora y salvadora mía, obraré confiadamente y sin temor, porque eres mi fortaleza y alabanza en el Señor… ¡Soy todo tuyo y cuanto tengo tuyo es, Virgen gloriosa y bendita entre todas las creaturas!”
“¡Que yo te ponga como sello sobre mi corazón, porque tu amor es fuerte como la muerte!”. Podrás decir a Dios con los sentimientos del profeta: “Señor, mi corazón y mis ojos no tienen ningún motivo para enaltecerse y enorgullecerse, ni para buscar cosas grandes y maravillosas. Y, con todo, aún no soy humilde. Pero la confianza me sostiene y anima. Estoy, como un niño, privado de los placeres terrestres, y apoyado en el seno de mi madre; allí me colman de bienes”;
4. el hecho de haberle entregado en depósito todo lo bueno que tienes para que lo conserve o comunique, aumentará tu confianza en Ella. Sí, entonces confiarás menos en ti mismo y mucho más en Ella, que es tu tesoro. ¡Oh! ¡Qué confianza y consuelo poder decir que el tesoro de Dios, en el que Él ha puesto lo más precioso que tiene, es también el tuyo!: “Ella es –dice un santo- el tesoro de Dios”.

3.- Martirio de San Juan Bautista
Reflexión: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” (Mc 1, 3).
Propósito: Haré algo a favor de los más oprimidos humana y espiritualmente, por ejemplo escribiendo a algún periódico, hablando por radio, difundiendo hojas, solidarizándome con una huelga justa.

Tratado de la Verdadera Devoción:
Comunicación de María y de su Espíritu
217. El alma de María estará en ti para glorificar al Señor y su espíritu se alborozará por ti en Dios, su Salvador, con tal que permanezcas fiel a las prácticas de esta devoción. “Que el alma de María more en cada uno para engrandecer al Señor, que el espíritu de María permanezca en cada uno para regocijarse en Dios”.
¡Ah! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso –dice un santo varón- en nuestros días, ferviente enamorado de María- cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran al aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu de Santo –al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas- vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformen en copias vivientes de la Santísima Virgen para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: “¡Señor, para que venga tu Reino, venga el Reino de María!”.

6. Transformación en María a imagen de Jesucristo
218. Si María, que es el árbol de la vida, está bien cultivada en ti mismo por la fidelidad a las prácticas de esta devoción, dará su fruto en tiempo oportuno, fruto que no es otro que Jesucristo.
Veo a tantos devotos y devotas que buscan a Jesucristo. Unos van por un camino y una práctica, los otros por otra. Y con frecuencia, después de haber trabajado pesadamente durante la noche, pueden decir: “Nos hemos pasado toda la noche bregando y no hemos cogido nada” (Lc 5, 5). Y se les puede contestar: “Siembran mucho; cosechan poco”. Jesucristo es todavía muy débil en ustedes. Pero por el camino inmaculado de María y esta práctica divina que les enseño, se trabaja de día, se trabaja en un lugar santo y se trabaja poco. En María no hay noche, porque en Ella no hay pecado, ni aun la menor sombra de él. María es un lugar santo. Es el santo de los santos, en donde son formados y moldeados los santos.

4.- El mundo nos odia como odió a Jesús
Reflexión: “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” (Jn 16, 20)
Propósito: Combatiré la rutina inventando con creatividad y dinamismo, formas concretas de ayudar a mis familiares más necesitados espiritualmente, a mejorar sus relaciones con Dios.

Tratado de la Verdadera Devoción:
219. Escucha bien lo que te digo: los santos son moldeados en María. Existe gran diferencia entre hacer una figura de bulto a golpes de martillo y cincel, y sacar una estatua vaciándola en un molde. Los escultores y estatuarios trabajan mucho del primer modo para hacer una estatua y gastan en ello mucho tiempo. Mas para hacerla de la segunda manera trabajan muy poco y emplean poco tiempo.
Ambrosio de Autpert llama a la Santísima Virgen “molde de Dios”, el molde propio para formar y moldear dioses. Quien sea vertido en este molde divino, quedará muy pronto formado y moldeado en Jesucristo, y Jesucristo en él; con pocos gastos y en corto tiempo se convertirá en Dios, porque ha sido arrojado en el mismo molde que ha formado al Dios humanado, Jesucristo.
220. Paréceme que los directores y devotos que quieran formar a Jesucristo en sí mismos o en los demás por prácticas diferentes a ésta, pueden muy compararse a los escultores que confiados en su habilidad, destreza y arte, descargan infinidad de golpes de martillo y cincel sobre una piedra dura o un trozo de madera tosca para sacar de ellos una imagen de Jesucristo. Algunas veces no aciertan en reproducir a Jesucristo a la perfección, ya por falta de conocimiento y experiencia de la persona de Jesucristo, ya causa de algún golpe mal dado que echa a perder toda la obra.
Pero a quienes abrazan este secreto de la gracia que les estoy presentando, los puedo comparar con razón a los fundidores y moldeadores que, habiendo encontrado el hermoso molde de María –en donde Jesucristo ha sido perfecta y divinamente formado- sin fiarse de su propia habilidad, sino únicamente de la excelencia del molde, se arrojan y pierden en María para convertirse en el retrato perfecto de Jesucristo.
221. ¡Hermosa imagen y verdadera comparación! Pero acuérdate que no se echa en el molde sino en lo que está fundido y líquido; es decir, que es necesario destruir y fundir de ti al viejo Adán para transformarte en el nuevo, en María.

7. La Mayor gloria de Jesucristo
222. Por medio de esta práctica observada con toda fidelidad, darás mayor gloria a Jesucristo en un mes que por cualquier otra –por difícil que sea- en varios años. Estas con las razones para afirmarlo:
1. Si ejecutas todas tus acciones por medio de la Santísima Virgen –como enseña esta práctica-, abandonas tus propias intenciones y actuaciones, aunque buenas y conocidas, para perderte –por decirlo así- en las de la Santísima Virgen, aunque te sean desconocidas. De este modo entras a participar en la sublimidad de sus intenciones, siempre tan puras que por la menor de sus acciones –por ejemplo, hilando en la rueca o dando una puntada con la aguja- glorificó a Dios más que San Lorenzo sobre las parrillas con su cruel martirio, y aún más que todos los santos con las acciones más heroicas.
Esta es la razón de que durante su permanencia en la tierra, la Santísima Virgen haya adquirido un cúmulo tan inefable de gracias y méritos, que antes se contarían las estrellas del firmamento, las gotas de agua de los océanos y los granitos de arena de sus orillas, que los méritos y gracias de María, y que ha dado mayor gloria a Dios de cuanto le han dado todos los ángeles y santos. ¡Qué prodigio eres, oh María! ¡Sólo tú sabes realizar prodigios de gracia en quienes desean realmente perderse en ti!

5.- El ejemplo del sembrador (Mt 13, 1-23)
Reflexión: “No basta con que me digan: “¡Señor, Señor!” para entrar en el Reino de los Cielos, sino que hay que hacer la Voluntad de Mi Padre que está en el Cielo” (Mt 7, 21)
Propósito: Enseñaré a alguna persona, sana o enferma, a utilizar la Santa Biblia, y meditar constantemente en ella con el mayor provecho espiritual.

Tratado de la Verdadera Devoción:
223. 2. Quien se consagra a María por esta práctica, como quiera que no estima en nada cuanto piensa o hace por sí mismo, ni se apoya ni complace sino en las disposiciones de María para acercarse a Jesucristo y dialogar con Él, ejercita la humildad mucho más que quienes obran por sí solos. Éstos, aún inconscientemente, se apoyan y complacen en sus propias disposiciones. De donde se sigue que el se consagra en totalidad a María glorifica en modo más perfecto a Dios, quien nunca es tan altamente glorificado como cuando lo es por los sencillos y humildes de corazón.
224. 3. La Santísima Virgen –a causa del gran amor que nos tiene- acepta recibir en sus manos virginales el obsequio de nuestras acciones, comunica a éstas una hermosura y esplendor admirables, y las ofrece por sí misma a Jesucristo. Es por lo demás, evidente que Nuestro Señor es más glorificado con esto que si las ofreciéramos directamente con nuestras manos pecadoras.
225. 4. Por último, siempre que piensas en María, Ella piensa por ti en Dios. Siempre que alabas y honras a Dios. Y yo me atrevo a llamarla “la relación de Dios”. Pues sólo existe con relación a Él, o el “Eco de Dios”. Si tú dices “María” Ella dice “Dios”.
Cuando Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada por haber creído, Ella –el eco fiel de Dios- exclamó: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Lo que en esta ocasión hizo María, lo sigue realizando todos los días; cuando la alabamos, honramos o nos consagramos a Ella, alabamos, amamos, honramos y nos consagramos a Dios por María y en María.

6.- Jesús no quiere que lo hagan rey (Jn 6, 1-27)
Reflexión: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36)
Propósito: Usaré de mi cargo, no con orgullo, sino únicamente con auténtico espíritu de servicio, fomentando la plena realización espiritual y humana de las personas en las que tengo alguna autoridad.

Tratado de la Verdadera Devoción:

MOTIVOS A FAVOR DE ESTA DEVOCIÓN
Primer motivo. Ella nos consagra al servicio de Dios
135. El primer motivo que nos manifiesta la excelencia de la consagración de sí mismo a Jesucristo por manos de María es que no se puede concebir ocupación más noble en este mundo que la de servir a Dios. El último de los servidores de Dios es más rico, poderoso y noble que todos los reyes y emperadores, si éstos no sirven a Dios. ¿Cuál no será entonces la riqueza, el poder, dignidad del auténtico y perfecto servidor de Dios, que se consagra enteramente sin reserva y en cuanto le es posible a su servicio?
Tal viene a ser, en efecto, el esclavo fiel y amoroso de Jesucristo en María, consagrado totalmente por de la Santísima Virgen, a ese Rey de reyes, sin reservarse nada para sí mismo. Ni todo el oro del mundo ni las bellezas del cielo alcanzan para pagarlo.
136. Las demás congregaciones, asociaciones y cofradías erigidas en honor de Nuestro Señor y de su Madre Santísima, y que tan grandes bienes producen en la cristiandad, no obligan a entregarlo todo sin reserva. Prescriben, ciertamente, a sus asociados algunas prácticas para que cumplan los compromisos adquiridos, pero les dejan libres las demás asociaciones y el resto del tiempo.
Esta devoción, en cambio, exige entregar a Jesús y a María todos los pensamientos, palabras, acciones y sufrimientos, y todos los momentos de la vida. De quien ha optado por ella se podrá, pues, decir, con toda verdad, que cuanto hace –vele o duerma, coma o beba, realice acciones importantes u ordinarias- pertenece a Jesús y a María gracias a la consagración que ha hecho, a no ser que la haya retractado expresamente.
137. Además –como ya he dicho- no hay práctica que nos libere más fácilmente de cierto resabio de amor propio que se desliza imperceptiblemente en las mejores acciones. Esta gracia insigne la concede Nuestro Señor en reconocimiento por el acto heroico y desinteresado de entregarle, por las manos de Su Santísima Madre, todo el valor de las buenas acciones. Si ya en este mundo da el céntuplo a los que por su amor dejan los bienes exteriores, temporales y perecederos, ¿Qué no dará a quienes sacrifican aún los bienes interiores y espirituales?
138. Jesús, nuestro mejor amigo, se entregó a nosotros sin reserva, en cuerpo y alma, con sus virtudes, gracias y méritos. “Me ganó totalmente entregándose todo” dice San Bernardo. ¿No será, pues, un deber de justicia y gratitud darle todo lo que podemos? Él fue el primero en mostrarse generoso con nosotros; seámoslo con Él –lo exige la gratitud- y él se manifestará aún más generoso durante nuestra vida, en la muerte y por la eternidad: “Eres generoso con el generoso”.

7.- La tentación de Jesús en el desierto (Lc 4, 1-13)
Reflexión: “Sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 48)
Propósito: Consagraré a mi oración exactamente todo el tiempo que mi reglamento de vida le asigna, y haré de ella una auténtica conversación con Jesús de Nazareth, en presencia de la Madre suya y mía.

Tratado de la Verdadera Devoción:
139. Es en sí justo y ventajoso para el cristiano el consagrarse totalmente a la Santísima Virgen mediante esta práctica a fin de pertenecer más perfectamente a Jesucristo. Este buen Maestro no desdeñó encerrarse en el seno de la Santísima Virgen como prisionero y esclavo de amor, ni de vivir sometido y obediente a Ella durante treinta años. Ante esto –lo repito- se anonada la razón humana, si reflexiona seriamente en la conducta de la Sabiduría encarnada, que no quiso –aunque hubiera podido hacerlo- entregarse directamente a los hombres, sino que prefirió comunicarse a ellos por medio de la Santísima Virgen; ni quiso venir al mundo a la edad de varón perfecto, independiente de los demás, sino como niño pequeño y débil, necesitado de los cuidados y asistencia de su Santísima Madre.
Esta Sabiduría infinita, inmensamente deseosa de glorificar a Dios, su Padre y salvar a los hombres, no encontró medio más perfecto y rápido para realizar sus anhelos que someterse en todo a la Santísima Virgen, no sólo durante los ocho, diez o quince primeros años de su vida –como los demás niños- sino durante treinta años. Y durante este tiempo de sumisión y dependencia glorificó más al Padre que si hubiera empleado estos años en hacer milagros, predicar por toda la tierra y convertir a todos los hombres. ¡Que si no, hubiera hecho esto! ¡Oh! ¡Cuán altamente glorifica a Dios quien, a ejemplo de Jesucristo, se somete a María!
Teniendo, pues, ante los ojos ejemplo tan claro y universalmente reconocido, ¿seremos tan insensatos que esperemos hallar medio más perfecto y rápido para glorificar a Dios que no sea el someternos a María, a imitación de su Hijo?
140. En prueba de la dependencia en que debemos vivir respecto a la Santísima Virgen, recuerda cuanto hemos dicho al aducir el ejemplo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos ofrecen de dicha dependencia.
El Padre no dio, ni da su Hijo sino por medio de María, no se forma hijos adoptivos, ni comunica sus gracias sino por Ella.
Dios Hijo se hizo hombre para todos solamente por medio de María, no se forma ni nace cada día en las almas sino por Ella en unión con el Espíritu Santo, ni comunica sus méritos y virtudes sino por Ella.
El Espíritu Santo no formó a Jesucristo sino por María, y sólo por Ella forma a los miembros de su Cuerpo Místico y reparte sus dones y virtudes.
Después de tantos y tan apremiantes ejemplos de la Santísima Trinidad, ¿podremos, acaso –a no ser que estemos completamente ciegos– prescindir de María, no consagrarnos ni someternos a Ella para ir a Dios y sacrificarnos a El?
141. Veamos ahora algunos pasajes de los Padres, que he seleccionado para probar lo que acabo de afirmar: “Dos hijos tiene María: un Hombre-Dios y un hombre-hombre. Del primero es madre corporal; del segundo, madre espiritual” (Conrado de Sajonia).
“La voluntad de Dios es que todo lo tengamos por María. Debemos reconocer que la esperanza, gracia y dones que tenemos dimanan de Ella”, “Ella distribuye todos los dones y virtudes del Espíritu Santo a quien quiere, cuando quiere, como quiere y en la medida que Ella quiere”, “Dios lo entregó todo a María, para que lo recibieras por medio de Ella, pues tú eras indigno de recibirlo directamente de El” (San Bernardo).
142. Viendo Dios que somos indignos de recibir sus gracias inmediatamente de sus manos -dice San Bernardo- las da a María, para que por Ella recibamos cuanto nos quiere dar. Añadamos que Dios cifra su gloria en recibir, de manos de María, el tributo de gratitud, respeto y amor que le debemos por sus beneficios.
Es, pues, muy justo imitar la conducta de Dios, “para que -añade el mismo San Bernardo- la gracia vuelva a su autor por el mismo canal por donde vino a nosotros”. Esto es lo que hacemos con nuestra devoción: ofrecemos y consagramos a la Santísima Virgen cuanto somos y tenemos, a fin de que Nuestro Señor reciba por su mediación la gloria y el reconocimiento que le debemos, y nos reconocemos indignos e incapaces de acercarnos por nosotros mismos a su infinita Majestad. Por ello acudimos a la intercesión de la Santísima Virgen.
143. Esta práctica constituye, además, un ejercicio de profunda humildad, virtud que Dios prefiere a todas las otras. Quien se ensalza rebaja a Dios; quien se humilla lo glorifica. Dios se enfrenta a los arrogantes, pero concede gracia a los humildes (Sant 4,6). Si te humillas creyéndote indigno de presentarte y acercarte a Él, Dios se abaja y desciende para venir a ti, complacerse en ti y elevarte, aun a pesar tuyo. Pero si te acercas a Él atrevidamente, sin mediador, Él se aleja de ti y no podrás alcanzarlo. ¡Oh! ¡Cuánto ama Él la humildad de corazón! Y a esta humildad precisamente nos conduce la práctica de esta devoción. Que nos enseña a no acercarnos jamás a Nuestro Señor por nosotros mismos –por amable y misericordioso que Él sea–, sino a servirnos siempre de la intercesión de la Santísima Virgen, para presentarnos ante Dios, hablarle y acercarnos a Él, ofrecerle algo o unirnos y consagrarnos a Él.

8.- El buen samaritano (Lc 10, 25-37)
Reflexión: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 39)
Propósito: Durante el horario de visita de cualquier hospital me acercaré a conversar con algún enfermo que tenga familiares junto a su cama.

Tratado de la Verdadera Devoción:
ESTA DEVOCIÓN NOS ALCANZA LA PROTECCIÓN
MATERNAL DE MARÍA
1. María se da a su esclavo

144. Tercer motivo. La Santísima Virgen es Madre de dulzura y misericordia, y jamás se deja vencer en amor y generosidad. Viendo que te has entregado totalmente a Ella para honrarla y servirla y te has despojado de cuanto más amas para adornarla, se entrega también a ti plenamente y en forma inefable. Hace que te abismes en el piélago de sus gracias, te adorna con sus méritos, te apoya con su poder, te ilumina con su luz, te inflama con su amor, te comunica sus virtudes: su humildad, su fe, su pureza, etc.; se constituye tu fiadora, tu suplemento y tu todo ante Jesús. Por último, dado que como consagrado perteneces totalmente a María, también Ella te pertenece en plenitud. De suerte que, en cuanto perfecto servidor e hijo de María, puedes repetir lo que dijo de sí mismo el evangelista San Juan: El discípulo la tuvo en su casa (Jn 19,27), como su único bien.
145. Este comportamiento, observado con fidelidad, produce en tu alma gran desconfianza, desprecio y aborrecimiento de ti mismo, y a la vez, inmensa confianza y total entrega en manos de la Santísima Virgen, tu bondadosa Señora.
Como consagrado a Ella, no te apoyarás ya en tus propias disposiciones, intenciones, méritos, virtudes y buenas obras. En efecto, lo has sacrificado todo a Jesucristo, por medio de esta Madre bondadosa. Por ello, ya no te queda otro tesoro -y éste ya es tuyo- en donde estén todos tus bienes que María.
Esto te llevará a acercarte a Nuestro Señor sin temor servil ni escrúpulos y rogarle con toda confianza, y te hará participar en los sentimientos del piadoso y sabio abad Ruperto, quien, aludiendo a la victoria de Jacob sobre un ángel (ver Gén 32,23-33), dirige a la Santísima Virgen estas hermosas palabras: “¡Oh María, princesa mía y Madre
Inmaculada del Hombre-Dios, Jesucristo!, deseo luchar con este Hombre que es el Verbo de Dios, armado no con mis méritos, sino con los tuyos”. ¡Oh! ¡Qué poderosos y fuertes somos ante Jesucristo cuando estamos armados con los méritos e intercesión de la digna Madre de Dios, quien -según palabras de San Agustín venció amorosamente al Todopoderoso!

2. María purifica nuestras buenas obras, las embellece y hace aceptables a su Hijo divino

146. Por esta devoción entregamos a Nuestro Señor, por manos de su Madre santísima, todas nuestras buenas obras. Esta bondadosa señora las purifica, embellece, presenta a
Jesucristo y hace que su Hijo las acepte.
1. Las purifica de toda mancha de egoísmo y del apego aun imperceptible que se desliza insensiblemente en las mejores acciones. Tan pronto como llegan a sus manos purísimas y fecundas, esas manos -jamás estériles ni ociosas y que purifican todo cuanto tocan- limpian en lo que le ofrecemos todo lo que tenga de impuro o imperfecto.

147.
2. Las embellece, adornándolas con sus méritos y virtudes. Pensemos en un labrador cuya única riqueza fuera una manzana y que deseara granjearse la simpatía y benevolencia del rey. ¿Qué haría? – Acudir a la reina y presentarle la manzana para que ella la ofrezca al soberano. La reina acepta el modesto regalo, coloca la manzana en una grande y hermosa bandeja de oro y la presenta al rey en nombre del labrador. En esta forma, la manzana, de suyo indigna de ser presentada al soberano, se convierte en un obsequio digno de su Majestad gracias a la bandeja de oro y a la persona que la entrega.

148.
3. María presenta esas buenas obras a Jesucristo, no reserva para sí nada de lo que se le ofrece; todo lo presenta fielmente a Jesucristo. Si la alabas y glorificas, inmediatamente Ella alaba y glorifica a Jesús. Si la ensalzas y bendices, Ella –como cuando Santa Isabel la alabó– entona su cántico: Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc 1,46).

149.
4. Por insignificante y pobre que sea para Jesucristo, Rey de reyes y Santo de los santos, el don que le presentas, María hace que El acepte tus buenas obras. Pero quien por su cuenta y apoyado en su propia destreza y habilidad lleva algo a Jesucristo, debe recordar que El examina el obsequio, y muchas veces lo rechaza por hallarlo manchado de egoísmo, lo mismo que en otro tiempo rechazó los sacrificios de los judíos por estar llenos de voluntad propia (ver Heb 10,5-7). Pero si, al presentar algo a Jesús, lo ofreces por las manos puras y virginales de su Madre amadísima, lo coges por el lado flaco –si me permites la expresión–. Él no mirará tanto el don que le ofreces cuanto a su bondadosa Madre que se lo presenta, ni considerará tanto la procedencia del don cuanto a aquella que se lo ofrece.
Del mismo modo, María –jamás rechazada y siempre recibida por su Hijo– hace que su Majestad acepte con agrado cuanto le ofrezcas, grande o pequeño; basta que María lo presente para que Jesús lo acepte y se complazca en el obsequio. El gran consejo que San Bernardo daba a aquellos que dirigía a la perfección era éste: “Si quieres ofrecer algo a Dios, procura presentarlo por las manos agradabilísimas y dignísimas de María, si no quieres ser rechazado”.

150. ¿No es esto, lo que la misma naturaleza inspira a los pequeños respecto a los grandes, como hemos visto? ¿Por qué no habría de enseñarnos la gracia a observar la misma conducta para con Dios, infinitamente superior a nosotros y ante quien somos menos que átomos? Tanto más teniendo como tenemos una abogada tan poderosa, que jamás ha sido desairada; tan inteligente, que conoce todos los secretos para conquistar el corazón de Dios; tan buena y caritativa, que no rechaza a nadie por pequeño o malvado que sea. Más adelante expondré la historia de Jacob y Rebeca, la figura verdadera de lo que voy diciendo.

9.- El rico y Lázaro (Lc 16, 19-31).
Reflexión: “Tienen a Moisés y a los demás, que los escuchen” (Lc 16, 29).
Propósito: Haciendo lo posible para que nadie lo llegue a conocer, daré una ayuda económica a algún necesitado más pobre que yo, o a alguna obra de asistencia social o religiosa.

Tratado de la Verdadera Devoción:
ESTA DEVOCIÓN ES UN MEDIO EXCELENTE PARA PROCURAR LA MAYOR GLORIA DE DIOS

151. Cuarto motivo. Esta devoción, fielmente practicada, es un medio excelente para enderezar el valor de nuestras buenas obras para la mayor gloria de Dios. Casi nadie obra con esta noble finalidad -a pesar de que a ello estemos obligados-, sea porque no sabemos dónde está la mayor gloria de Dios, sea porque no la buscamos. Ahora bien, dado que la Santísima Virgen, a quien cedemos el valor y mérito de nuestras buenas obras, conoce perfectamente donde está la mayor gloria de Dios y todo su actuar es procurarla, el perfecto servidor de esta amable Señora, que se ha consagrado totalmente a Ella como hemos dicho, puede afirmar resueltamente que el valor de todas sus acciones, pensamientos y palabras se ordena a la mayor gloria de Dios, a no ser que haya revocado expresamente su ofrenda.
¿Será posible hallar algo más consolador para una persona que ama a Dios con amor puro y desinteresado y aprecia la gloria e intereses de Dios más que los suyos propios?

5. ESTA DEVOCIÓN CONDUCE A LA UNIÓN CON JESUCRISTO
152. Quinto motivo. Esta devoción es camino fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a la unión con Nuestro Señor, en la cual consiste la perfección cristiana.
1. Es camino fácil
Es camino fácil. Es el camino abierto por Jesucristo al venir a nosotros, y en que no hay obstáculos para llegar a Él. Ciertamente que se puede llegar a Jesucristo por otros caminos. Pero en ellos se encuentran cruces más numerosas, muertes extrañas y muchas más dificultades apenas superables; será necesario pasar por noches oscuras, extraños combates y agonías, escarpadas montañas, punzantes espinas y espantosos desiertos. Pero por el camino de María se avanza más suave y tranquilamente.
Claro que también aquí encontramos rudos combates y grandes dificultades a superar. Pero esta bondadosa Madre y Señora se hace tan cercana y presente a sus fieles servidores para iluminarlos en sus tinieblas, esclarecerlos en sus dudas, fortalecerlos en sus temores, sostenerlos en sus combates y dificultades que -en verdad- este camino virginal para encontrar a Jesucristo resulta de rosas y mieles comparado con los demás.
Ha habido santos, pero en corto número -como San Efrén, San Juan Damasceno, San Bernardo, San Bernardino, San Buenaventura, San Francisco de Sales, etc.-, que han transitado por este camino suave para ir a Jesucristo, porque el Espíritu Santo, Esposo fiel de María, se lo ha enseñado por gracia especialísima. Pero los otros santos, que son la mayoría, aunque hayan tenido todos devoción a la Santí sima Virgen, no han entrado, o sólo muy poco, en este camino. Es por ello que tuvieron que pasar por las pruebas más rudas y peligrosas.

153. ¿De dónde procederá entonces, me preguntará algún fiel servidor de María, que los fieles servidores de esta bondadosa Madre encuentran tantas ocasiones de padecer, y aún más que aquellos que no le son tan devotos? Los contradicen, persiguen, calumnian y nadie los puede tolerar… O caminan entre tinieblas interiores, o por desiertos donde no se da la menor gota de rocío del cielo. Si esta devoción a la Santísima Virgen facilita el camino para llegar a Jesucristo, ¿por qué son sus devotos los más crucificados?

154. Le respondo que ciertamente, siendo los más fieles servidores de la Santísima Virgen sus preferidos, reciben de Ella los más grandes favores y gracias del cielo, que son las cruces. Pero sostengo que los servidores de María llevan estas cruces con mayor facilidad, mérito y gloria, y que lo que mil veces detendría a otros o los haría caer, a ellos no los detiene nunca, sino que los hace avanzar, porque esta bondadosa Madre, plenamente llena de gracia y unción del Espíritu Santo, endulza todas las cruces que les prepara con el azúcar de su dulzura maternal y con la unción del amor puro, de modo que ellos las comen alegremente como nueces confitadas, aunque de por sí sean muy amargas. Y creo que una persona que quiere ser devota y vivir piadosamente en Jesucristo (2Tim 3,12), y por consiguiente, padecer persecución y cargar todos los días su cruz, no llevará jamás grandes cruces, o no las llevará con alegría y hasta el fin, si no profesa una tierna devoción a la Santísima Virgen, que es la dulzura de las cruces; como tampoco podría una persona, sin gran violencia –que no es durable–, comer nueces verdes no confitadas con azúcar.

10.- La pecadora de Magdala arrepentida (Lc 7, 36-50)
Reflexión: “Sus numerosos pecados le quedan perdonados, por el mucho amor que demostró” (7, 47)
Propósito: amando en ella al Jesús que sufre y a la Virgen dolorosa, haré algo para ayudar a la pobre gente enredada en la prostitución, la droga y el alcoholismo, por ejemplo difundiendo folletos que combaten esas horribles plagas o aconsejando a los jóvenes y a los adultos, antes y después de que hayan caído en ellas.

Tratado de la Verdadera Devoción:
111. Muchas cosas he dicho ya de la Santísima Virgen. Muchas más tengo que decir. E infinitamente más serán las que omita, ya por ignorancia, ya por falta de talento o tiempo. Cuanto digo responde al propósito que tengo de hacer de ti un verdadero devoto de María y un auténtico discípulo de Jesucristo.
112. ¡Oh! ¡Qué bien pagado quedaría mi esfuerzo si este humilde escrito cae en manos de una persona bien dispuesta, nacida de Dios y de María y no de linaje humano, ni por impulso de la carne ni por deseo de varón (Jn 1,13); le descubre e inspira, por gracia del Espíritu Santo, la excelencia y precio de la verdadera y sólida devoción a la Santísima Virgen que ahora voy a exponerte! ¡Si supiera que mi sangre pecadora serviría para hacer penetrar en tu corazón, lector amigo, las verdades que escribo en honor de mi amada Madre y soberana Señora, de quien soy el último de los hijos y esclavos, con mi sangre, en vez de tinta, trazaría estas líneas, pues abrigo la esperanza de hallar personas generosas que, por su fidelidad a la práctica que voy a enseñarte, resarcirán a mi amada Madre y Señora por los daños que ha sufrido a causa de mi ingratitud e infidelidad!
113. Hoy me siento, más que nunca, animado a creer y esperar aquello que tengo profundamente grabado en el corazón y que vengo pidiendo a Dios desde hace muchos años, a saber, que tarde o temprano la Santísima Virgen tenga más hijos, servidores y esclavos de amor que nunca, y que, por este medio, Jesucristo, mi Señor, reine como nunca en los corazones.
114. Preveo claramente que muchas bestias rugientes llegan furiosas a destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo, o sepultar, al menos, estas líneas en las tinieblas o en el silencio de un cofre a fin de que no sea publicado. Atacarán, incluso, a quienes lo lean y pongan en práctica. Pero ¡qué importa! ¡Tanto mejor! ¡Esta perspectiva me anima y hace esperar un gran éxito, es decir, la formación de un gran escuadrón de aguerridos y valientes soldados de Jesús y de María, de uno y otro sexo, que combatirán al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida en los tiempos –como nunca peligrosos– que van a llegar!

Entiéndelo, lector (Mt 24,15).
El que pueda con eso, que lo haga (Mt 19,12).

11.- El fariseo y el publicano (Lc 18, 9-17)
Reflexión: “Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador” (Lc 18, 13)
Propósito: Combatiendo mi vanidad y mi envidia, me alegraré profundamente de la felicidad y de los triunfos ajenos, y exteriorizaré mi alegría.

Tratado de la Verdadera Devoción:
56. Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María? Serán fuego encendido (Sal 104 [103], 4; Heb 1,7), ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego el amor divino. Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero (Sal 127 [126], 4).
Serán hijos de Leví, bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios (ver 1 Cor 6,17). Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación. Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo (ver 2Cor 2,15-16) para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte.
57. Serán nubes tronantes y volantes (ver Is 60,8), en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12; Ef 6,17) traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo.
58. Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos. Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos (Sal 68 [67],14). Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley (ver Rom 13,10).
59. Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea. Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12); sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo. Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto?… ¡Sólo Dios lo sabe! A nosotros nos toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia al Señor (Sal 40 [39], 2).

12.- Jesús expulsa del templo a los mercaderes (Jn 2, 13-22).
Reflexión: “No soy yo el que vive, sino Cristo que vive en mí” (Gal 2, 20).
Propósito: mortificaré mi vida y mis otros sentidos en todo lo relacionado con el sexto mandamiento, ofreciendo a Dios mis luchas contra las tentaciones de impureza por las muchas personas que en el mismo momento tengan peores tentaciones que yo, de traicionar su matrimonio o su consagración a Dios, o bien de cometer cualquier otro acto impuro.

Tratado de la Verdadera Devoción:
4. LOS DEVOTOS PRESUNTUOSOS
97. Los devotos presuntuosos son pecadores aletargados en sus pasiones o amigos de lo mundano. Bajo el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen esconden el orgullo, la avaricia, la lujuria, la embriaguez, el perjurio, la maledicencia o la injusticia, etc.; duermen pacíficamente en sus costumbres perversas, sin hacerse mucha violencia para corregirse, confiados en que son devotos de la Santísima Virgen; se prometen a sí mismos que Dios les perdonará, que no morirán sin confesión ni se condenarán, porque rezan el rosario, ayunan los sábados, pertenecen a la Cofradía del Santo Rosario, a la del escapulario u otras congregaciones, llevan el hábito o la cadenilla de la Santísima Virgen, etc. (La auténtica devoción a María lleva a la conversión y a dejarse transformar por la Palabra de Dios, bajo la fuerza del Espíritu Santo (Lc 11,28); ver Lumen Gentium 56).
Cuando se les dice que su devoción no es sino ilusión diabólica y perniciosa presunción, capaz de llevarlos a la ruina, se resisten a creerlo. Responden que Dios es bondad y misericordia; que no nos ha creado para la perdición; que no hay hombre que no peque; que no morirán sin confesión; que basta un buen “¡Señor, pequé!” (ver 2Sam 12,13) a la hora de la muerte. Y añaden que son devotos de la Santísima Virgen, que llevan el escapulario; que todos los días rezan puntual y humildemente siete padrenuestros y avemarías en su honor y algunas veces el rosario o el oficio de la Santísima Virgen; que ayunan, etc.
Para confirmar sus palabras y enceguecerse aún más, alegan algunos hechos verdaderos o falsos -poco importa- que han oído o leído, en los que se asegura que personas muertas en pecado mortal y sin confesión, gracias a que durante su vida habían rezado algunas oraciones o ejercitado algunas prácticas de devoción en honor de la Virgen, resucitaron para confesarse, o su alma permaneció milagrosamente en el cuerpo hasta que lograron confesarse, o a la hora de la muerte obtuvieron de Dios, por la misericordia de la Santísima Virgen, el perdón y la salvación. ¡Ellos esperan correr la misma suerte!
98. Nada en el cristianismo es tan perjudicial a las gentes como esta presunción diabólica. Porque ¿cómo puede alguien decir con verdad que ama y honra a la Santísima
Virgen mientras con sus pecados hiere, traspasa, crucifica y ultraja despiadadamente a Jesucristo, su Hijo? Si María se obligara a salvar por su misericordia a esta clase de personas, ¡autorizaría el pecado y ayudaría a crucificar a su Hijo! Y esto, ¿quién osaría siquiera pensarlo?
99. Protesto que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen –devoción que, después de la que se tiene a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, es la más santa y sólida de todas– constituye un horrible sacrilegio: el mayor y menos digno de perdón después de la comunión sacrílega.
Confieso que para ser verdadero devoto de la Santísima Virgen no es absolutamente necesario que seas tan santo, que llegues a evitar todo pecado, aunque esto sería lo más deseable. Pero es preciso al menos (¡nota bien lo que digo!):
1. mantenerte sinceramente resuelto a evitar, por lo menos, todo pecado mortal, que ultraja tanto a la Madre como al Hijo;
2. violentarte para evitar el pecado;
3. inscribirte en las cofradías, rezar los cinco o los quince misterios del rosario u otras oraciones, ayunar los sábados, etc.
100. Todas estas buenas obras son maravillosamente útiles para lograr la conversión de los pecadores por endurecidos que estén. Y si tú, lector, fueras uno de ellos, aunque ya tuvieras un pie en el abismo…, te las aconsejo, a condición de que las realices con la única intención de alcanzar de Dios –por intercesión de la Santísima Virgen– la gracia de la contrición y el perdón de tus pecados y vencer tus hábitos malos, y no para permanecer tranquilamente en estado de pecado, no obstante los remordimientos de la conciencia, el ejemplo de Jesucristo y de los santos y las máximas del santo Evangelio.

Seis Días para conocerme a mí mismo
13.- La triple negación de Pedro (Mc 14, 26-31.66-72)
Reflexión: “Señor, tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero” (Jn 21, 17).
Propósito: alabaré delante de otros, y de la persona misma, las buenas cualidades y los auténticos valores que encuentro en los que me son menos simpáticos.

Tratado de la Verdadera Devoción:
DEBEMOS REVESTIRNOS DEL HOMBRE NUEVO, JESUCRISTO
78. Nuestras mejores acciones quedan, de ordinario, manchadas e infectadas a causa de las malas inclinaciones que hay en nosotros. Cuando se vierte agua limpia y clara en una vasija que huele mal, o vino en una garrafa maleada por otro vino, el agua clara y el buen vino se dañan y toman fácilmente el mal olor. Del mismo modo, cuando Dios vierte en nuestra alma, infectada por el pecado original y actual, sus gracias y rocíos celestiales o el vino delicioso de su amor, sus bienes se deterioran y dañan ordinariamente a causa de la levadura de malas inclinaciones que el pecado ha dejado en nosotros. Y nuestras acciones, aun las inspiradas por las virtudes más sublimes, se resienten de ello. Es, por tanto, de suma importancia para alcanzar la perfección –que sólo se adquiere por la unión con Jesucristo – liberarnos de lo malo que hay en nosotros. De lo contrario, Nuestro Señor, que es infinitamente santo y detesta la menor mancha en el alma, nos rechazará de su presencia y no se unirá a nosotros.
79. Para vaciarnos de nosotros mismos, debemos, en primer lugar, conocer bien, con la luz del Espíritu Santo, nuestras malas inclinaciones, nuestra incapacidad para todo bien concerniente a la salvación, nuestra debilidad en todo, nuestra continua inconstancia, nuestra indignidad para toda gracia y nuestra iniquidad en todo lugar. El pecado de nuestro primer padre nos perjudicó a todos casi totalmente; nos dejó agriados, engreídos e infectados como la levadura agria, levanta e infecta toda la masa en que se la pone. Nuestros pecados actuales, mortales o veniales, aunque estén perdonados, han acrecentado la concupiscencia, debilidad, inconstancia y corrupción naturales y dejado huellas de maldad en nosotros.
Nuestros cuerpos se hallan tan corrompidos que el Espíritu Santo los llama cuerpos de pecado (Rom 6,6), concebidos en pecado (Sal 51 [50],7), alimentados en el pecado y capaces de todo pecado. Cuerpos sujetos a mil enfermedades, que de día en día se corrompen y no engendran sino corrupción. Nuestra alma, unida al cuerpo, se ha hecho tan carnal, que la Biblia la llama carne: Toda carne se había corrompido en su proceder (Gén 6,12)66 .
Tenemos por única herencia el orgullo y la ceguera en el espíritu, el endurecimiento en el corazón, la debilidad y la inconstancia en el alma, la concupiscencia, las pasiones rebeldes y las enfermedades en el cuerpo. Somos, por naturaleza, más soberbios que los pavos reales, más apegados a la tierra que los sapos, más viles que los cerdos, más coléricos que los tigres, más perezosos que las tortugas, más débiles que las cañas y más inconstantes que las veletas. En el fondo no tenemos sino la nada y el pecado, y sólo merecemos la ira divina y la condenación eterna.
80. Siendo ello así, ¿por qué maravillarnos de que Nuestro Señor haya dicho que quien quiera seguirle debe renunciarse a sí mismo y odiar su propia vida? (Mt 16,24; Mc 8,34-35) ¿Y que el que ama su alma la perderá y quien la odia la salvará? (Jn 12,25). Esta infinita Sabiduría –que no da prescripciones sin motivo– no nos ordena el odio a nosotros mismos sino porque somos extremadamente dignos de odio; nada tan digno de amor como Dios, nada tan digno de odio como nosotros mismos.
81. En segundo lugar, para vaciarnos de nosotros mismos debemos morir todos los días a nuestro egoísmo, es decir, renunciar a las operaciones de las potencias del alma y de los sentidos, ver como si no viéramos, oír como si no oyéramos, servirnos de las cosas de este mundo como si no nos sirviéramos de ellas (ver 1Cor 7,30-31). Es lo que San Pablo llama morir cada día (1Cor 15,31). Si el grano de trigo cae en tierra y no muere, queda infecundo (Jn 12,24), se vuelve tierra y no produce buen fruto. Si no morimos a nosotros mismos y si nuestras devociones más santas no nos llevan a esta muerte necesaria y fecunda, no produciremos fruto que valga la pena y nuestras devociones serán inútiles; todas nuestras obras de virtud quedarán manchadas por el egoísmo y la voluntad propia; Dios rechazará los mayores sacrificios y las mejores acciones que ejecutemos; a la hora de la muerte, nos encontraremos con las manos vacías de virtudes y méritos y no tendremos ni una chispa de ese amor puro que sólo se comunica a quienes han muerto a sí mismos, y cuya vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3,3).
82. En tercer lugar, debemos escoger entre las devociones a la Santísima Virgen la que nos lleva más perfectamente a dicha muerte al egoísmo, por ser la mejor y más santificadora. Porque no hay que creer que es oro todo lo que brilla, ni miel todo lo dulce, ni el camino más fácil y lo que practica la mayoría es lo más eficaz para la salvación. Así como hay secretos naturales para hacer en poco tiempo, con pocos gastos y gran facilidad ciertas operaciones naturales, también hay secretos en el orden de la gracia para realizar en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales: liberarte del egoísmo, llenarte de Dios y hacerte perfecto. La práctica que quiero descubrirte es uno de esos secretos de la gracia ignorado por gran número de cristianos, conocido de pocos devotos, practicado y saboreado por un número aún menor. Expongamos la cuarta verdad –consecuencia de la tercera– antes de abordar dicha práctica.

14.- Los malos pensamientos (Mt 5, 19-32)
Reflexión: “Si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti ‘sácatelo y tíralo lejos’; porque es más provechoso para ti perder una parte de tu cuerpo, antes que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna” (Mt 5, 29).
Propósito: combatiré la pornografía y el ateísmo, por ejemplo promoviendo el apostolado de la buena prensa para que las publicaciones, humana y espiritualmente formativas, vayan reemplazando las dañinas.

Tratado de la Verdadera Devoción:
LA ACCIÓN MATERNAL DE MARÍA FACILITA EL ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO
83. Es más perfecto, porque es más humilde, no acercarnos a Dios por nosotros mismos, sino acudir a un mediador. Estando tan corrompida nuestra naturaleza -como acabo de demostrar-, si nos apoyamos en nuestros propios esfuerzos, habilidad y preparación para llegar hasta Dios y agradarle, ciertamente nuestras obras de justificación quedarán manchadas o pesarán muy poco delante de Dios para comprometerlo a unirse a nosotros y escucharnos. Porque no sin razón nos ha dado Dios mediadores ante sí mismo. Vio nuestra indignidad e incapacidad, se apiadó de nosotros, y, para darnos acceso a sus misericordias, nos proveyó de poderosos mediadores ante su grandeza. Por tanto, despreocuparte de tales mediadores y acercarte directamente a la santidad divina sin recomendación alguna es faltar a la humildad y al respecto debido a un Dios tan excelso y santo, es hacer menos caso de ese Rey de reyes del que harías de un soberano o príncipe de la tierra, a quien no te acercarías sin un amigo que hable por ti.
84. Jesucristo es nuestro abogado y mediador de redención ante el Padre. Por Él debemos orar junto con la Iglesia triunfante y militante. Por Él tenemos acceso ante la Majestad divina, y sólo apoyados en Él y revestidos de sus méritos debemos presentarnos ante el Padre, así como el humilde Jacob compareció ante su padre Isaac, para recibir la bendición, cubierto con pieles de cabrito.
85. Pero ¿no necesitamos, acaso, un mediador ante el mismo Mediador? ¿Bastará nuestra pureza para unirnos a Él directamente y por nosotros mismos? ¿No es Él, acaso, Dios igual en todo a su Padre, y, por consiguiente, el Santo de los santos, tan digno de respeto como su Padre? Si por amor infinito se hizo nuestro fiador y mediador ante el Padre para aplacarlo y pagarle nuestra deuda, ¿será esto razón para que tengamos menos respeto para con su majestad y santidad?
Digamos, pues, abiertamente, con San Bernardo, que necesitamos un mediador ante el Mediador mismo y que la excelsa María es la más capaz de cumplir este oficio caritativo. Por Ella vino Jesucristo a nosotros, y por Ella debemos nosotros ir a Él.
Si tememos ir directamente a Jesucristo-Dios a causa de su infinita grandeza y de nuestra pequeñez o pecados, imploremos con filial osadía la ayuda e intercesión de María, nuestra Madre. Ella es tierna y bondadosa. En Ella no hay nada austero o repulsivo ni excesivamente sublime o deslumbrante. Al verla, vemos nuestra propia naturaleza. No es el sol, que con la viveza de sus rayos podría deslumbrarnos a causa de nuestra debilidad. Es hermosa y apacible como la luna (Cant 6,10), que recibe la luz del
sol para acomodarla a la debilidad de nuestra vista.
María es tan caritativa que no rechaza ninguno de los que imploran su intercesión, por más pecador que sea, pues -como dicen los santos- jamás se ha oído decir que alguien haya acudido confiada y perseverantemente a Ella y haya sido rechazado. Ella es tan poderosa que sus peticiones jamás han sido desoídas. Bástale presentarse ante su Hijo con alguna súplica para que Él la acepte y reciba y se deje siempre vencer amorosamente por los pechos, las entrañas y las súplicas de su Madre queridísima.
86 Esta es doctrina sacada de los escritos de San Bernardo y San Buenaventura. Según ellos, para llegar a Dios tenemos que subir tres escalones: el primero, más cercano y adaptado a nuestras posibilidades, es María; el segundo es Jesucristo y el tercero es Dios Padre. Para llegar a Jesucristo hay que ir a María, nuestra Mediadora de intercesión. Para llegar al Padre hay que ir al Hijo, nuestro Mediador de redención.
Este es precisamente el orden que se observa en la forma de devoción de la que hablaré más adelante.

LLEVAMOS EL TESORO DE LA GRACIA EN VASIJAS DE ARCILLA
87. Es muy difícil, dada nuestra pequeñez y fragilidad, conservar las gracias y tesoros de Dios, porque:
1. Llevamos este tesoro, más valioso que el cielo y la tierra, en vasijas de arcilla (2Cor 4,7), en un cuerpo corruptible, en un alma débil e inconstante que por nada se turba y abate.
88 2. Los demonios, ladrones muy astutos, quieren sorprendernos de improviso para robarnos y desvalijarnos. Espían día y noche el momento favorable para ello. Nos rodean incesantemente para devorarnos (ver 1Pe 5,8) y arrebatarnos en un momento –por un solo pecado– todas las gracias y méritos logrados en muchos años. Su malicia, su pericia, su astucia y número deben hacernos temer infinitamente esta desgracia, ya que personas más llenas de gracia, más ricas en virtudes, más experimentadas y elevadas en santidad que nosotros han sido sorprendidas, robadas y saqueadas lastimosamente. ¡Ah! ¡Cuántos cedros del Líbano y estrellas del firmamento cayeron miserablemente y perdieron en poco tiempo su elevación y claridad! Y ¿cuál es la causa? No fue falta de gracia. Que Dios a nadie la niega. Sino ¡falta de humildad! Se consideraron capaces de conservar sus tesoros. Se fiaron de sí mismos y se apoyaron en sus propias fuerzas. Creyeron bastante segura su casa y suficientemente fuertes sus cofres para guardar el precioso tesoro de la gracia, y por este apoyo imperceptible en sí mismos –aunque les parecía que se apoyaban solamente en la gracia de Dios–, el Señor, que es la justicia misma, abandonándolos a sí mismos, permitió que fueran saqueados.
¡Ay! Si hubieran conocido la devoción admirable que a continuación voy a exponer, habrían confiado su tesoro a una Virgen fiel y poderosa, y Ella lo habría guardado como si fuera propio, y hasta se habría comprometido a ello en justicia.
89 3. Es difícil perseverar en gracia, a causa de la increíble corrupción del mundo. Corrupción tal que es prácticamente imposible que los corazones no se manchen, si no con su lodo, al menos con su polvo. Hasta el punto de que es una especie de milagro el que una persona se conserve en medio de este torrente impetuoso sin ser arrastrado por él, en medio de este mar tempestuoso sin anegarse o ser saqueada por los piratas y corsarios, en medio de esta atmósfera viciada sin contagiarse. Sólo la Virgen fiel, contra quien nada pudo la serpiente, hace este milagro en favor de aquellos que la sirven lo mejor que pueden.

15.- El amor a los enemigos (Mt 5, 38-48)
Reflexión: “Deja ahí tu ofrenda ante el altar, anda primero a reconciliarte con tu hermano; entonces vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 24)
Propósito: combatiré por el respeto humano profesando mi cristianismo en público, por ejemplo no me avergonzaré de que la gente vea en mis manos algún libro sobre la Virgen.

Tratado de la Verdadera Devoción:
LA PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO

CONTENIDOS ESENCIALES DE LA CONSAGRACIÓN
120 La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la creatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo. La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste -en otras palabras- en una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales.

1. CONSAGRACIÓN PERFECTA Y TOTAL
121. Consiste, pues, esta devoción, en una entrega total a la Santísima Virgen, para pertenecer, por medio de Ella, totalmente a Jesucristo. Hay que entregarle:
1. el cuerpo con todos sus sentidos y miembros;
2. el alma con todas sus facultades;
3. los bienes exteriores -llamados de fortuna- presentes y futuros;
4. los bienes interiores y espirituales, o sea, los méritos, virtudes y buenas obras pasadas, presentes y futuras.
En dos palabras: cuanto tenemos, o podamos tener en el futuro, en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria, sin reserva alguna –ni de un céntimo, ni de un cabello, ni de la menor obra buena–, y esto por toda la eternidad, y sin esperar por nuestra ofrenda y servicio más recompensa que el honor de pertenecer a Jesucristo por María y en María, aunque esta amable Señora no fuera -como siempre lo es– la más generosa y agradecida de las creaturas.
122. Conviene advertir que en las buenas obras que hacemos hay un doble valor: la satisfacción y el mérito, o sea, el valor satisfactorio o impetratorio y el valor meritorio.
El valor satisfactorio o impetratorio de una buena obra es la misma obra buena en cuanto satisface por la pena debida por el pecado u obtiene alguna nueva gracia. En cambio, el valor meritorio o mérito es la misma obra buena, en cuanto merece la gracia y la gloria eterna. Ahora bien, en esta consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen le entregamos todo el valor satisfactorio, impetratorio y meritorio. Es decir, las satisfacciones y méritos de todas nuestras buenas obras. Le entregamos nuestros méritos, gracias y virtudes, no para que los comunique a otros -porque nuestros méritos, gracias y virtudes, estrictamente hablando, son incomunicables; únicamente Jesucristo, haciéndose fiador nuestro ante el Padre, ha podido comunicarnos sus méritos-, sino para que nos los conserve, aumente y embellezca, como veremos más adelante. Le entregamos nuestras satisfacciones para que las comunique a quien mejor le plazca y para mayor gloria de Dios.

16.- El hijo pródigo (Lc 15, 11-32)
Reflexión: “Habrá más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse” (Lc 15, 7).
Propósito: respetaré a mis mayores y superiores con servicial premura, por ejemplo cediéndoles el asiento en el transporte público, o en la mesa dejándoles la mejor porción.

Tratado de la Verdadera Devoción:
123 De donde se deduce que:
1. por esta devoción entregas a Jesucristo, de la manera más perfecta –puesto que lo entregas por manos de María–, todo cuanto le puedes dar y mucho más que por las demás devociones, por las cuales le entregas solamente parte de tu tiempo, de tus buenas obras, satisfacciones y mortificaciones.
Por esta consagración le entregas y consagras todo, hasta el derecho de disponer de tus bienes interiores y satisfacciones que cada día puedes ganar por tus buenas obras, lo cual no se hace ni siquiera en las órdenes o institutos religiosos. En éstos se dan a Dios los bienes de fortuna por el voto de pobreza, los bienes del cuerpo por el voto de castidad; la propia voluntad, por el voto de obediencia, y algunas veces la libertad corporal, por el voto de clausura. Pero no se entrega a Dios la libertad o el derecho de disponer de las buenas obras, ni se despoja uno, cuanto es posible, de lo más precioso y caro que posee el cristiano, a saber: los méritos y satisfacciones.
124 2. Una persona que se consagra y entrega voluntariamente a Jesucristo por medio de María, no puede ya disponer del valor de ninguna de sus buenas obras; todo lo bueno que padece, piensa, dice y hace pertenece a María, quien puede disponer de ello según la voluntad y mayor gloria de su Hijo. Esta entrega, sin embargo, no perjudica en nada a las obligaciones del estado presente o futuro en que se encuentre la persona; por ejemplo, los compromisos de un sacerdote, que, por su oficio u otro motivo cualquiera, debe aplicar el valor satisfactorio e impetratorio de la Santa Misa a un particular. Porque no se hace esta consagración sino según el orden establecido por Dios y los deberes del propio estado.
125 3. Esta devoción nos consagra, al mismo tiempo, a la Santísima Virgen y a Jesucristo. A la Santísima Virgen, como al medio perfecto escogido por Jesucristo para unirse a nosotros, y a nosotros con Él. A Nuestro Señor, como a nuestra meta final, a quien debemos todo lo que somos, ya que es nuestro Dios y Redentor.

17.- El ejemplo de los talentos (Mt 25, 14-30)
Reflexión: “Debías haber puesto mi dinero en el banco, y a mi vuelta me lo hubieras entregado con los intereses” (Mt 25, 27).
Propósito: me esforzaré en ser puntual en mi horario de trabajo, y lo realizaré con precisión y entusiasmo, por ejemplo, pensando con cariño en las muchas personas que de alguna forma van a aprovecharlo, o en mis familiares y otros necesitados a los que voy a poder ayudar con el dinero que gano con mi actividad de hoy.

Tratado de la Verdadera Devoción:
PERFECTA RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES
126. He dicho que esta devoción puede muy bien definirse como una perfecta renovación de las promesas del Santo Bautismo.
De hecho, antes del Bautismo, todo cristiano era esclavo del demonio, a quien pertenecía. Por su propia boca o las de sus padrinos, renunció en el Bautismo a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y eligió a Jesucristo como a su Dueño y Señor, para depender de El en calidad de esclavo de amor. Es precisamente lo que hacemos por la presente devoción: renunciar –la fórmula de consagración lo dice expresamente– al demonio, al mundo, al pecado y a nosotros mismos y consagrarnos totalmente a Jesucristo por manos de María. Pero hacemos algo más: en el Bautismo hablamos ordinariamente por boca de otros –los padrinos– y nos consagramos a Jesucristo por procurador. Mientras que en esta devoción nos consagramos por nosotros mismos, voluntariamente y con conocimiento de causa.

En el Santo Bautismo no nos consagramos explícitamente por manos de María ni entregamos a Jesucristo el valor de nuestras buenas acciones. Y después de él quedamos completamente libres para aplicar dicho valor a quien queramos o conservarlo para nosotros. Por esta devoción, en cambio, nos consagramos expresamente a Nuestro Señor por manos de María y le entregamos el valor de todas nuestras buenas acciones.
127 “Los hombres hacen voto en el Bautismo –dice Santo Tomás– de renunciar al diablo y a sus pompas”. Y “este voto –había dicho San Agustín– es el mayor y más indispensable”. Lo mismo afirman los canonistas: “El voto principal es el que hacemos en el Bautismo”. Sin embargo, ¿quién cumple este voto tan importante? ¿Quién observa con fidelidad las promesas del Santo Bautismo? ¿No traicionan casi todos los cristianos la fe prometida a Jesucristo en el Bautismo? ¿De dónde proviene este desconcierto universal?
¿No es, acaso, del olvido en que se vive de las promesas y compromisos del Santo Bautismo y de que casi nadie ratifica por sí mismo el contrato de alianza hecho con Dios por sus padrinos?
128 Es tan cierto esto, que el concilio de Sens, convocado por orden de Ludovico Pío para poner remedio a los desórdenes de los cristianos, juzgó que la causa principal de tanta corrupción de las costumbres provenía del olvido e ignorancia en que vivían las gentes acerca de los compromisos del Santo Bautismo, y no encontró remedio más eficaz para combatir tamaño mal que excitar a los cristianos a renovar las promesas y votos bautismales.
129 El Catecismo del concilio de Trento, fiel intérprete de las intenciones de este santo concilio, exhorta a los párrocos a hacer lo mismo y a acostumbrar al pueblo fiel a recordar y creer que los cristianos han sido consagrados a Jesucristo, Señor y Redentor nuestro. Estas son sus palabras: “El párroco exhortará al pueblo fiel para hacerle comprender que nosotros, más que cualquier hombre, debemos ofrecernos y consagrarnos eternamente como esclavos a Nuestro Señor y Redentor”.
130 Ahora bien, si los concilios, los Padres y la misma experiencia nos demuestran que el mejor remedio contra los desórdenes de los cristianos es hacerles recordar las obligaciones del Bautismo y renovar las promesas que en él hicieron, ¿no será acaso razonable hacerlo ahora de manera perfecta mediante esta devoción y consagración a Nuestro Señor por medio de su amantísima Madre?. Digo de “manera perfecta” porque para consagrarnos a Jesucristo utilizamos el más perfecto de todos los medios, que es la
Santísima Virgen.

18.- El joven rico (Mc 10, 17-31)
Reflexión: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiera a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí, el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10, 38).
Propósito: por mortificación renunciaré a algo que no me es necesario y a lo cual estoy acostumbrado (cigarrillo, fruta, película, bebida, dulce, periódico…). Pondré en un sobre el dinero ahorrado, especificando que se debe emplear a favor de los más necesitados o de las vocaciones misioneras, y lo entregaré el próximo domingo durante la Misa en el momento de la colecta.

Tratado de la Verdadera Devoción:
131 Alguien puede objetar que esta devoción es nueva o sin importancia. No es nueva: los concilios, los Padres y muchos autores antiguos y modernos hablan de dicha consagración a Jesucristo o renovación de las promesas del Santo Bautismo como de una práctica antigua aconsejada por ellos a todos los cristianos. No es de poca importancia, puesto que la fuente principal de todos los desórdenes, y, por consiguiente, de la condenación de los cristianos, procede del olvido e indiferencia respecto de esta práctica.
132 Pudiera alguno decir que esta devoción nos imposibilita para socorrer a las almas de nuestros parientes, amigos y bienhechores, dado que nos hace entregar a Nuestro Señor, por manos de la Santísima Virgen, el valor de todas nuestras buenas obras, oraciones, mortificaciones y limosnas.
Le respondo:
Primero, que no es creíble que nuestros amigos, parientes y bienhechores salgan perjudicados porque nos entreguemos y consagremos sin reserva al servicio de Nuestro Señor y su santísima Madre. Suponerlo sería menoscabar el poder y bondad de Jesús y de María, quienes sabrán ayudar a nuestros parientes, amigos y bienhechores sea con nuestra módica renta espiritual, sea con otros medios.
Segundo, que esta devoción no impide orar por los demás –vivos o difuntos–, aunque la aplicación de nuestras buenas obras dependa de la voluntad de la Santísima Virgen. Al contrario, nos llevará a rogar con mayor confianza. Sucede como a la persona rica que hubiera cedido todos sus bienes a un gran príncipe para honrarlo más: ella rogaría con mayor confianza a este príncipe que dé una limosna a un amigo suyo que se la pide. El príncipe hasta se sentiría feliz de encontrar la oportunidad de manifestar su gratitud a quien se ha despojado de todo para honrarlo y se ha empobrecido para enriquecerlo. Lo mismo cabe decir de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen, que jamás se dejarán vencer en gratitud.
133 Otro objetará tal vez: “Si doy a la Santísima Virgen todo el valor de mis acciones para que lo aplique a quien Ella quiera, ¡quizá tenga yo que padecer largo tiempo en el purgatorio!” Esta objeción proviene del amor propio y de la ignorancia que tenemos respecto a la generosidad divina y la de la Santísima Virgen. Y se destruye por sí sola. ¿Es posible, acaso, que una persona ferviente y generosa que vela con mayor empeño por los intereses de Dios que por los propios, da a Dios sin reserva cuanto posee -de suerte que ya no puede dar más: Non plus ultra-, tiene como única aspiración la gloria de Dios y el reinado de Jesucristo por medio de su santísima Madre y se sacrifica totalmente para alcanzar este fin…, será posible -repito- que persona tan noble y generosa sea más castigada en la otra vida por haber sido en ésta más generosa y desinteresada que las otras?
¡Nada de esto! El Señor y su Madre santísima -lo veremos en seguida- se mostrarán generosísimos en este mundo y en el otro, en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria, precisamente con esta persona.
134 Conviene ver ahora –con la mayor brevedad– los motivos que hablan en favor de esta devoción, los admirables efectos que produce en las almas fieles y sus principales prácticas.

Seis días para conocer a la Santísima Virgen

19.- La Anunciación del Señor y su Encarnación (Lc 1, 26-38)
Reflexión: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí lo que has dicho” (Lc 1, 38).
Propósito: pondré por escrito los conceptos fundamentales de la esclavitud de amor en vista de vivirlos profundamente en todos los momentos del día de hoy.

Tratado de la Verdadera Devoción:
LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
105 Después de haber desenmascarado y reprobado las falsas devociones a la Santísima Virgen, conviene presentar en pocas palabras la verdadera. Esta es:
1. interior;
2. tierna;
3. santa;
4. constante;
5. desinteresada.

1. DEVOCIÓN INTERIOR
106 Primero, la verdadera devoción a la Santísima Virgen es interior. Es decir, procede del espíritu y del corazón, de la estima que tienes de Ella, de la alta idea que te has formado de sus grandezas y del amor que le tienes.

2. DEVOCIÓN TIERNA
107 Segundo, ella es tierna, vale decir, llena de confianza en la Santísima Virgen, como la confianza del niño en su querida madre. Esta devoción hace que recurras a la Santísima Virgen en todas tus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez, confianza y ternura, e implores la ayuda de tu bondadosa Madre en todo tiempo, lugar y circunstancia: en las dudas, para que te esclarezca; en los extravíos, para que te convierta al buen camino; en las tentaciones, para que te sostenga; en las debilidades, para que te fortalezca; en las caídas, para que te levante; en los desalientos, para que te reanime; en los escrúpulos, para que te libre de ellos; en las cruces, afanes y contratiempos de la vida, para que te consuele. Finalmente, en todas las dificultades materiales y espirituales, María es tu recurso ordinario, sin temor de importunar a tu bondadosa Madre ni desagradar a Jesucristo.

3. DEVOCIÓN SANTA
108 Tercero, la verdadera devoción a la Santísima Virgen es santa. Es decir, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Santísima Virgen, y en particular su humildad profunda, su fe viva, su obediencia ciega79 , su oración continua, su mortificación universal, su pureza divina, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura angelical y su sabiduría divina. Estas son las diez principales virtudes de la santísima Virgen.

20.- La Virgen María visita a Isabel (Lc 1, 39-56)
Reflexión: “¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? (Lc 1, 43)
Propósito: tendré limpia y ordenada toda mi casa y así viviré con satisfacción la presencia y la complacida mirada de mi Reina del Cielo.

Tratado de la Verdadera Devoción:
4. DEVOCIÓN CONSTANTE
109 Cuarto, la verdadera devoción a la Santísima Virgen es constante. Te consolida en el bien y hace que no abandones fácilmente las prácticas de devoción. Te anima para que puedas oponerte a lo mundano y sus costumbres y máximas; a lo carnal y sus molestias y pasiones; al diablo y sus tentaciones. De suerte que, si eres verdaderamente devoto de la Santísima Virgen, huirán de ti la veleidad, la melancolía, los escrúpulos y la cobardía. Lo que no quiere decir que no caigas algunas veces ni experimentes cambios en tu devoción sensible. Pero, si caes, te levantarás tendiendo la mano a tu bondadosa Madre; si pierdes el gusto y la devoción sensibles, no te acongojarás por ello. Porque el justo y fiel devoto de María vive de la fe de Jesús y de María y no de los sentimientos corporales (ver Heb 10,34).

5. DEVOCIÓN DESINTERESADA
110 Quinto, por último, la verdadera devoción a la Santísima Virgen es desinteresada. Es decir, te inspirará no buscarte a ti mismo, sino sólo a Dios en su santísima Madre. El verdadero devoto de María no sirve a esta augusta Reina por espíritu de lucro o interés ni por su propio bien temporal o eterno, corporal o espiritual, sino únicamente porque Ella merece ser servida y sólo Dios en Ella. Ama a María, pero no precisamente por los favores que recibe o espera recibir de Ella, sino porque Ella es amable. Por eso la ama con la misma fidelidad en los sinsabores y sequedades que en las dulzuras y fervores sensibles. La ama lo mismo en el Calvario que en las bodas de Caná.
¡Ah! ¡Cuán agradable y precioso es delante de Dios y de su santísima Madre el devoto de María que no se busca a sí mismo en los servicios que le presta! Pero ¡qué pocos hay así! Para que no sea tan reducido ese número, estoy escribiendo lo que durante tantos años he enseñado en mis misiones pública y privadamente con no escaso fruto.

21.- Jesús nace en Belén (lc 2, 1-40)
Reflexión: “Vengo a comunicarles una bonita noticia que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo: hoy nació para ustedes en la ciudad de David un Salvador” (Lc 2, 10-11).
Propósito: haré apostolado por carta o por teléfono, por ejemplo escribiendo a mis amistades sobre cómo me preparo a mi consagración de esclavo de amor, con la esperanza de que también ellas se animen a hacer lo mismo.

Tratado de la Verdadera Devoción:
PRÁCTICAS PARTICULARES E INTERIORES PARA LOS QUE QUIEREN SER PERFECTOS
257 Además de las prácticas exteriores de esta devoción que acabamos de exponer –no hay que omitirlas por negligencia ni desprecio, en la medida que lo permitan el estado y la condición de cada uno–, existen también prácticas interiores que tienen gran eficacia santificadora para aquellos a quienes el Espíritu Santo llama a una elevada perfección.
Todo se resume en obrar siempre: por María, con María, en María y para María, a fin de obrar más perfectamente por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo y para Jesucristo.

1. Obrar por María o conforme al espíritu de María
258 Hay que realizar las propias acciones por María, es decir, es preciso obedecer en todo a María, moverse en todo a impulso del espíritu de María, que es el Santo Espíritu de Dios. Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios (Rom 8,14). Los que son conducidos por el espíritu de María, son hijos de María y, por consiguiente, hijos de Dios, como ya hemos demostrado.
Y, entre tantos devotos de la Santísima Virgen, sólo son verdaderos y fieles devotos suyos los que se dejan conducir por su espíritu.
He dicho que el espíritu de María es el espíritu de Dios, porque Ella no se condujo jamás por su propio espíritu, sino por el espíritu de Dios, el cual se posesionó en tal forma de Ella que llegó a ser su propio espíritu. Por ello, las palabras de San Ambrosio: “More en cada uno el alma de María, para engrandecer al Señor; more en cada uno el espíritu de María, para regocijarse en Dios”.
¡Qué dichoso quien -a ejemplo del piadoso hermano jesuita Alfonso Rodríguez, muerto en olor de santidad- se halla totalmente poseído y es conducido por el espíritu de María!
¡Espíritu que es suave y fuerte, celoso y prudente, humilde e intrépido, puro y fecundo!
259. Para dejarte conducir por el espíritu de María es preciso que:
1o antes de obrar –por ejemplo, antes de orar, celebrar la misa o participar en ella, comulgar, etc.– renuncies a tu propio espíritu, a tus propias luces y voluntad. Porque las tinieblas de tu propio espíritu y la malicia de tu propia voluntad y operaciones son tales que, si las sigues, por excelentes que te parezcan, obstaculizarán al santo espíritu de María;
2o te entregues al espíritu de María para ser movilizado y conducido por él de la manera que Ella quiera. Debes abandonarte en sus manos virginales, como la herramienta en manos del obrero, como el laúd en manos de un tañedor. Tienes que perderte y abandonarte a Ella como una piedra que se arroja al mar; lo cual se hace sencillamente y en un momento con una simple mirada del espíritu, un ligero movimiento de la voluntad o pocas palabras, diciendo, por ejemplo: “¡Renuncio a mí mismo y me consagro a ti, querida Madre mía!” Y, aun cuando no sientas ninguna dulzura sensible en este acto de unión, no por ello deja de ser verdadero; igual que si dijeras -¡no lo permita Dios!-:
“Me entrego al diablo”, con toda sinceridad, aunque lo digas sin inmutarte sensiblemente, pertenecerías realmente al diablo;
3o durante la acción y después de ella, renueves de tiempo en tiempo el mismo acto de ofrecimiento y unión. Y cuanto más lo repitas, más pronto te santificarás y llegarás a la unión con Jesucristo. Unión que sigue siempre a la unión con María, dado que el espíritu de María es el espíritu de Jesús.

22.- Jesús encontrado en el templo (Lc 2, 41-52)
Reflexión: “Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Y su Madre conservaba en su corazón todos estos recuerdos” (Lc 2, 51)
Propósito: buscaré a mi padre espiritual u otro sacerdote para estudiar con él la puesta al día de mi reglamento de vida. Especialmente me fijaré en los puntos en que me descuido, en vista de encontrar medios cada vez más eficaces que me lleven a un cristianismo auténtico.

Tratado de la Verdadera Devoción:
2. Obrar con María o a imitación de María
260 Hay que realizar las propias acciones con María, es decir, mirando a María como el modelo acabado de toda virtud y perfección, formado por el Espíritu Santo en una pura creatura, para que lo imites según tus limitadas capacidades. Es, pues, necesario que en cada acción mires cómo la hizo o la haría la Santísima Virgen si estuviera en tu lugar.
Para esto debes examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante toda su vida, y particularmente:
1o su fe viva, por la cual creyó sin vacilar en la palabra del ángel y siguió creyendo fiel y constantemente hasta el pie de la cruz en el Calvario;
2o su humildad profunda, que la llevó siempre a ocultarse, callarse, someterse en todo y
colocarse en el último lugar;
3o su pureza totalmente divina, que no ha tenido ni tendrá igual sobre la tierra. Y, finalmente, todas sus demás virtudes.
Recuerda –te lo repito– que María es el grandioso y único molde de Dios apto para hacer imágenes vivas de Dios a poca costa y en poco tiempo. Quien halla este molde y se pierde en él, muy pronto se transformará en Jesucristo, a quien este molde representa perfectamente.
3. Obrar en María o en íntima unión con Ella
261 Hay que realizar las propias acciones en María. Para comprender bien esta práctica es preciso recordar:
1o Que la Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrestre del nuevo Adán. El antiguo paraíso era solamente una figura de éste. Hay en este paraíso riquezas, hermosuras, maravillas y dulzuras inexplicables, dejadas en él por el nuevo Adán, Jesucristo. Allí encontró Él sus complacencias durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la magnificencia de un Dios. Este lugar santísimo fue construido solamente con una tierra virginal e inmaculada, de la cual fue formado y alimentado el nuevo Adán, sin ninguna mancha de inmundicia, por obra del Espíritu Santo que en él habita. En este paraíso terrestre se halla el verdadero árbol de vida, que produjo a Jesucristo, fruto de vida; allí, el árbol de la ciencia del bien y del mal, que ha dado la luz al mundo.
Hay en este divino lugar árboles plantados por la mano de Dios, regados por su unción celestial, y que han dado, y siguen dando día tras día, frutos de exquisito sabor. Hay allí jardines esmaltados de bellas y diferentes flores de virtud que exhalan un perfume tal, que embalsama a los mismos ángeles. Hay en este lugar verdes praderas de esperanza, torres inexpugnables de fortaleza, moradas llenas de encanto y seguridad, etc.
Sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer la verdad que se oculta bajo estas figuras de cosas materiales.
Se respira en este lugar un aire puro e incontaminado de pureza, brilla el día hermoso y sin noche de la santa humanidad, irradia el sol hermoso y sin sombras de la divinidad, arde el horno encendido e inextinguible de la caridad –en el que el hierro se inflama y transforma en oro–, corre tranquilo el río de la humildad, que brota de la tierra y, dividiéndose en cuatro brazos, riega todo este delicioso lugar: son las cuatro virtudes cardinales.

23.- Las Bodas de Caná (Jn 2, 1-12)
Reflexión: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5)
Propósito: tomaré la iniciativa por ejemplo con la excusa de pedirle un favor, del volver a tratar amigablemente, como si fuera con la Virgen y como lo haría la Virgen con alguna persona con la que mis relaciones se han enfriado por descuido o incomprensiones.

Tratado de la Verdadera Devoción:
262 2o El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a la Santísima Virgen: 1) la puerta oriental, por donde entra al mundo y sale de él el Sumo Sacerdote, Jesucristo; por ella entró la primera vez y por ella volverá la segunda; 2) el santuario de la divinidad, la mansión de la Santísima Trinidad, el trono de Dios, el altar y templo de Dios, el mundo de Dios. Epítetos y alabanzas muy verdaderos cuando se refieren a las diferentes maravillas y gracias que el Altísimo ha realizado en María (ver Ez 44,1-3; Sal 87 [86], 1; Is 6,1-4. ¡Qué riqueza! ¡Qué gloria! ¡Qué delicia! ¡Qué dicha! ¡Poder entrar y permanecer en María, en quien el Altísimo colocó el trono de su gloria suprema!
263 Pero ¡qué difícil es a pecadores como nosotros obtener el permiso, capacidad y luz suficientes para entrar en lugar tan excelso y santo, custodiado ya no por un querubín –como el antiguo paraíso terrenal–, sino por el mismo Espíritu Santo, que ha tomado posesión de él y dice: ¡Eres jardín cerrado, hermana y novia mía; eres jardín cerrado, fuente sellada! (Cant 4,12). ¡María es jardín cerrado! ¡María es fuente sellada! ¡Los miserables hijos de Adán y Eva, arrojados del paraíso terrenal, no pueden entrar en este nuevo paraíso sino por una gracia excepcional del Espíritu Santo que ellos deben merecer.
264 Después de haber obtenido, mediante la fidelidad, esta gracia insigne, te es necesario permanecer encantado en el hermoso interior de María, descansar allí con seguridad y perderte en él sin reserva, a fin de que en este seno virginal:
1- te alimentes con la leche de la gracia y misericordia maternal de María;
2- te liberes de toda turbación, temor y escrúpulo;
3- te pongas a salvo de todos tus enemigos: demonio, mundo y pecado, que jamás pudieron entrar en María. Por esto dice Ella misma: Los que obran por mí no pecarán; esto es, los que permanecen espiritualmente en la Santísima Virgen no cometen pecado considerable;
4- te formes en Jesucristo, y Jesucristo sea formado en ti. Porque el seno de María -dicen los Padres es la sala de los sacramentos divinos, donde se han formado Jesucristo y todos los elegidos: Uno por uno, todos han nacido en Ella (Sal 87 [86], 5.

24.- La Madre de Jesús es nuestra Madre (Jn 19, 17-42)
Reflexión: “Ahí tienes a tu Madre. Y desde esa hora el discípulo la tuvo en su casa” (Jn 19, 27).
Propósito: soportaré con humilde pero alegre confianza en la Virgen María, la incapacidad de ayudar espiritualmente a algún pecador, un contratiempo, una enfermedad, un robo, una incomprensión, una calumnia, un fracaso… imitando a San Luis de Montfort que se quejaba: “¡Qué tal cruz, no tener cruces!”.

Tratado de la Verdadera Devoción:
4. Obrar para María o al servicio de María
265 Finalmente, hay que hacerlo todo para María. Estando totalmente consagrado a su servicio, es justo que lo realices todo para María, como lo harían el criado, el siervo y el esclavo respecto de su patrón. No que la tomes por el fin último de tus servicios –que lo es únicamente Jesucristo–, sino como el fin próximo, ambiente misterioso y camino fácil para llegar a El. Conviene, pues, que no te quedes ocioso, sino que actúes como el buen siervo y esclavo. Es decir, que, apoyado en su protección, emprendas y realices grandes empresas por esta augusta Soberana. En concreto, debes defender sus privilegios cuando se los disputan; defender su gloria cuando la atacan; atraer, a ser posible, a todo el mundo a su servicio y a esta verdadera y sólida devoción; hablar y levantar el grito contra quienes abusan de su devoción para ultrajar a su Hijo y –al mismo tiempo– establecer en el mundo esta verdadera devoción; y no esperar, en recompensa de tu humilde servicio, sino el honor de pertenecer a tan noble Princesa y la dicha de vivir unido, por medio de Ella, a Jesús, su Hijo, con lazo indisoluble en el tiempo y la eternidad.
¡GLORIA A JESÚS EN MARÍA!
¡GLORIA A MARÍA EN JESÚS!
¡GLORIA A SOLO DIOS!

Seis días para conocer a Jesucristo
25.- Jesús resucita al hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 11-17)
Reflexión: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para bien de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24)
Propósito: con espíritu de creatividad buscaré las formas más eficaces para hacer felices a determinadas personas, que viven cerca de mí, pero de las que hasta ahora me han preocupado menos.

Tratado de la Verdadera Devoción:
230 Dedicarán la tercera semana a conocer a Jesucristo. Para ello podrán leer y meditar lo que arriba hemos dicho y rezar la oración de San Agustín. Podrán repetir una y mil veces cada día con el mismo santo: “¡Que yo te conozca, Señor!”, o bien: “¡Señor, sepa yo quién eres tú!” Rezarán, como en las semanas anteriores, las letanías del Espíritu Santo y el himno Salve, Estrella del mar, y añadirán todos los días las letanías del santo Nombre de Jesús.

4. Celebración del misterio de la Encarnación
243 Cuarta práctica. Profesarán singular devoción al gran misterio de la encarnación del Verbo, el 25 de marzo. Este es, en efecto, el misterio propio de esta devoción, puesto que ha sido inspirada por el Espíritu Santo: 1o para honrar e imitar la dependencia inefable que Dios Hijo quiso tener respecto a María para gloria del Padre y para nuestra salvación. Dependencia que se manifiesta de modo especial en este misterio, en el que Jesucristo se halla prisionero y esclavo en el seno de la excelsa María, en donde depende de Ella en todo y para todo; 2o para agradecer a Dios las gracias incomparables que otorgó a María, y especialmente el haberla escogido por su dignísima Madre; elección realizada precisamente en este misterio. Estos son los fines principales de la esclavitud de Jesús en María.
244 Observa que digo ordinariamente: el esclavo de Jesús en María, la esclavitud de Jesús en María. En verdad, se puede decir, como muchos lo han hecho hasta ahora: el esclavo de María, la esclavitud de la Santísima Virgen. Pero creo que es preferible decir: el esclavo de Jesús en María, como lo aconsejó el Sr. Tronsón, superior general del seminario de San Sulpicio, renombrado por su rara prudencia y su consumada piedad, a un clérigo que le consultó sobre este particular. Las razones son éstas:
245 1) Vivimos en un siglo orgulloso, en el que gran número de sabios engreídos, presumidos y críticos hallan siempre algo que censurar hasta en las prácticas de piedad mejor fundadas y más sólidas. Por tanto, a fin de no darles, sin necesidad, ocasión de crítica, vale más decir: la esclavitud de Jesucristo en María y llamarse esclavo de Jesucristo que esclavo de María, tomando el nombre de esta devoción preferiblemente de su fin último, que es Jesucristo, y no de María, que es el camino y medio para llegar a la meta. Sin embargo, se puede, en verdad, emplear una u otra expresión, como yo lo hago. Por ejemplo, un hombre que viaja de Orleáns a Tours, pasando por Amboise, puede muy bien decir que va a Amboise y que viaja a Tours, con la diferencia, sin embargo, de que Amboise no es más que el camino para llegar a Tours y que Tours es la meta y término de su viaje.
246 2) El principal misterio que se honra y celebra en esta devoción es el misterio de la encarnación. En él Jesucristo se halla presente y encarnado en el seno de María. Por ello
es mejor decir la esclavitud de Jesús en María, de Jesús que reside y reina en María, según aquella hermosa plegaria de tantas y tan excelentes almas: “¡Oh Jesús, que vives en María, ven a vivir en nosotros con tu espíritu de santidad!, etc.”
247 3) Esta manera de hablar manifiesta mejor la unión íntima que hay entre Jesús y María. Ellos se hallan tan íntimamente unidos, que el uno está totalmente en el otro:
Jesús está todo en María, y María toda en Jesús; o mejor, no vive Ella, sino sólo Jesús en Ella. Antes separaríamos la luz del sol que a María de Jesús. De suerte que a Nuestro Señor se le puede llamar Jesús de María, y a la Santísima Virgen, María de Jesús.
248 El tiempo no me permite detenerme aquí para explicar las excelencias y grandezas del misterio de Jesús que vive y reina en María, es decir, de la encarnación del Verbo. Me contentaré con decir en dos palabras que éste es el primer misterio de Jesucristo, el más oculto, el más elevado y menos conocido; que en este misterio, Jesús en el seno de María -al que por ello denominan los santos la sala de los secretos de Dios escogió, de acuerdo con Ella, a todos los elegidos; que en este misterio realizó ya todos los demás misterios de su vida, por la aceptación que hizo de ellos:
Por eso, al entrar en el mundo, dice él: “Aquí estoy yo para realizar tu designio…” (Heb 4,16); que este misterio es, por consiguiente, el compendio de todos los misterios de Cristo y encierra la voluntad y la gracia de todos ellos; y, por último, que este misterio es el trono de la misericordia, generosidad y gloria de Dios. Es el trono de la misericordia divina con nosotros, porque, dado que no podemos acercarnos a Jesús sino por María, no podemos ver a Jesús ni hablarle sino por medio de Ella. Ahora bien, Jesús, que siempre complace a su querida Madre, otorga siempre allí su gracia y misericordia a los pobres pecadores. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia… (Heb 4,16).
Es el trono de su generosidad con María, porque mientras Jesús, nuevo Adán, permaneció en María –su verdadero paraíso terrestre–, realizó en él ocultamente tantas maravillas, que ni los ángeles ni los hombres alcanzan a comprenderlas; por ello, los santos llaman a María la magnificencia de Dios, como si Dios sólo fuera magnífico en María (ver Is 33,21).
Es el trono de la gloria que Jesús tributa al Padre, porque en María aplacó Él perfectamente a su Padre, irritado contra los hombres; en Ella reparó perfectamente la gloria que el pecado le había arrebatado; en Ella, por el holocausto que ofreció de su voluntad y de sí mismo, dio al Padre más gloria que la que le habían dado todos los sacrificios de la ley antigua; y, finalmente, en Ella le dio una gloria infinita, que jamás había recibido del hombre.

26.- La mujer adultera (Jn 8, 1-11)
Reflexión: “El que no tenga pecado, lance la primera piedra” (Jn 8, 7)
Propósito: leeré el periódico, escucharé la radio o veré televisión con las mismas reacciones que tendría la Virgen Santa. Por ejemplo, conversando con mis conocidos a lo largo de este día pondré de relieve lo bueno o concientizaré sobre lo malo que los medios de comunicación haya transmitido.

Tratado de la Verdadera Devoción:
1. JESUCRISTO, FIN ÚLTIMO DEL CULTO A MARÍA
61. Primera verdad. El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre. De lo contrario, tendríamos una devoción falsa y engañosa.
Jesucristo es el alfa y la omega, el principio y el fin (Ap 1,8;21,6) de todas las cosas. La meta de nuestro ministerio – escribe San Pablo- es construir el cuerpo de Cristo; hasta que todos, sin excepción, alcancemos la edad …adulta… (Ef 4,13).
Efectivamente, sólo en Cristo habita realmente la plenitud total de la divinidad (Col 2,9) y todas las demás plenitudes de gracia, virtud y perfección. Sólo en Cristo hemos sido bendecidos con toda bendición del Espíritu (Ef 1,3).
Porque El es el único Maestro que debe enseñarnos, el único Señor de quien debemos depender, la única Cabeza a la que debemos estar unidos, el único Modelo a quien debemos asemejarnos, el único Médico que debe curarnos, el único Pastor que debe apacentarnos, el único Camino que debe conducirnos, la única Verdad que debemos creer, la única Vida que debe vivificarnos y el único Todo que en todo debe bastarnos.
Bajo el cielo, no tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para salvarnos (Hech 4,12). Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria que Jesucristo. Todo edificio que no esté construido sobre esta roca firme, se apoya en arena movediza, y se derrumbará infaliblemente tarde o temprano.
Quien no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se secará y lo echarán al fuego (ver Jn 15,6). En cambio, si permanecemos en Jesucristo, y Jesucristo en nosotros, no pesa ya sobre nosotros condenación alguna: ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ni creatura alguna podrá hacernos daño, porque nadie podrá separarnos de la caridad de Dios presente en Cristo Jesús (ver Rom 8,39).
Por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo lo podemos todo: tributar al Padre en la unidad del Espíritu Santo todo honor y gloria; hacernos perfectos y ser olor de vida eterna para nuestro prójimo.
62. Por tanto, si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen, es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio fácil y seguro para encontrar al Señor (Ex 32, 10). Si la devoción a la Santísima Virgen apartase de Jesucristo, habría que rechazarla como ilusión diabólica. Pero – como ya lo he demostrado e insistiré en ello más adelante, sucede todo lo contrario. Esta devoción nos es necesaria para hallar perfectamente a Jesucristo, amarlo con ternura y servirlo con fidelidad.
63. Me dirijo a ti por un momento, amabilísimo Jesús mío, para quejarme amorosamente ante tu divina Majestad de que la mayor parte de los cristianos, aun los más instruidos, ignoran la unión necesaria que existe entre ti y tu Madre santísima. Tú, Señor, estás siempre con María, y María está siempre contigo y no puede existir sin ti; de lo contrario, dejaría de ser lo que es. María está de tal manera transformada en ti por la gracia, que Ella ya no vive ni es nada; sólo tú, Jesús mío, vives y reinas en Ella más perfectamente que en todos los ángeles y santos.
¡Ah! ¡Si se conociera la gloria y el amor que recibes en esta creatura admirable, se tendrían hacia ti y hacia Ella sentimientos muy diferentes de los que ahora se tienen! Ella se halla tan íntimamente unida a ti, que sería más fácil separar la luz del sol, el calor del fuego; más aún, sería más fácil separar de ti a todos los ángeles y santos que a la divina María, porque Ella te ama más ardientemente y te glorifica con mayor perfección que todas las demás creaturas juntas.

27.- El Juicio Final (Mt 25, 31-46)
Reflexión: “Estuve en la cárcel y me fueron a ver” (Mt 25, 36).
Propósito: Después de averiguar, directamente o por teléfono, el horario en el cual se pueda hacerlo, iré a la cárcel más cercana para tratar con presos que no tengan visita, a los que dejaré algún libro religioso, para que lo estudien o mediten. En el caso que esto no sea posible, orar por los hermanos privados de libertad física, moral y espiritual ofreciendo alguna mortificación.

Tratado de la Verdadera Devoción:
64. ¿No será, pues, extraño y lamentable, amable Maestro mío, el ver la ignorancia y oscuridad de todos los hombres respecto a tu santísima Madre? No hablo tanto de los idólatras y paganos: no conociéndote a ti, tampoco a Ella la conocen. Tampoco hablo de los herejes y cismáticos: separados de ti y de tu Iglesia, no se preocupan de ser devotos de tu Madre. Hablo, sí, de los católicos, y aun de los doctores entre los católicos; ellos hacen profesión de enseñar a otros la verdad, pero no te conocen ni a ti ni a tu Madre santísima sino de manera especulativa, árida, estéril e indiferente. Estos caballeros hablan sólo rara vez de tu santísima Madre y del culto que se le debe. Tienen miedo, según dicen, a que se deslice algún abuso y se te haga injuria al honrarla a Ella demasiado. Si ven u oyen a algún devoto de María hablar con frecuencia de la devoción hacia esta Madre amantísima, con acento filial, eficaz y persuasivo, como de un medio sólido y sin ilusiones, de un camino corto y sin peligros, de una senda inmaculada y sin imperfecciones y de un secreto maravilloso (Lc 1, 52) para encontrarte y amarte debidamente, gritan en seguida contra él, esgrimiendo mil argumentos falsos para probarle que no hay que hablar tanto de la Virgen, que hay grandes abusos en esta devoción y es preciso dedicarse a destruirlos, que es mejor hablar de ti en vez de llevar a las gentes a la devoción a la Santísima Virgen, a quien ya aman lo suficiente.
Si alguna vez se les oye hablar de la devoción a tu santísima Madre, no es, sin embargo, para fundamentarla o inculcarla, sino para destruir sus posibles abusos. Mientras carecen de piedad y devoción tierna para contigo, porque no la tienen para con María. Consideran el rosario, el escapulario, la corona (cinco misterios), como devociones propias de mujercillas y personas ignorantes, que poco importan para la salvación. De suerte que, si cae en sus manos algún devoto de la Santísima Virgen que reza el rosario o practica alguna devoción en su honor, no tardan en cambiarle el espíritu y el corazón, y le aconsejan que, en lugar del rosario, rece los siete salmos penitenciales, y, en vez de la devoción a la Santísima Virgen, le exhortan a la devoción a Jesucristo.
¡Jesús mío amabilísimo! ¿Tienen éstos tu espíritu? ¿Te es grata su conducta? ¿Te agrada quien, por temor a desagradarte, no se esfuerza por honrar a tu Madre? ¿Es la devoción a tu santísima Madre obstáculo a la tuya? ¿Forma Ella bando aparte? ¿Es, por ventura, una extraña, que nada tiene que ver contigo? ¿Quien le agrada a Ella, te desagrada a ti? Consagrarse a Ella y amarla, ¿será separarse o alejarse de ti?
65. ¡Maestro amabilísimo! Sin embargo, si cuanto acabo de decir fuera verdad, la mayoría de los sabios -justo castigo de su soberbia- no se alejarían más que ahora de la devoción a tu santísima Madre ni mostrarían para con Ella mayor indiferencia de la que ostentan.
¡Guárdame, Señor! ¡Guárdame de sus sentimientos y de su conducta! Dame participar en los sentimientos de gratitud, estima, respeto y amor que tienes para con tu santísima Madre, a fin de que pueda amarte y glorificarte tanto más perfectamente cuanto más te imite y siga de cerca.
66. Y, como si no hubiera dicho nada en honor de tu santísima Madre, concédeme la gracia de alabarla dignamente, a pesar de todos sus enemigos -que son los tuyos-, y gritarles a voz en cuello con todos los santos: “No espere alcanzar misericordia de Dios quien ofenda a su Madre bendita” (Lumen Gentium 69).
67. Para alcanzar de tu misericordia una verdadera devoción hacia tu santísima Madre y difundir esta devoción por toda la tierra, concédeme amarte ardientemente, y acepta para ello la súplica inflamada que te dirijo con San Agustín y tus verdaderos amigos.

Tú eres, ¡oh Cristo!,
mi Padre santo, mi Dios misericordioso,
mi rey poderoso, mi buen pastor,
mi único maestro, mi mejor ayuda,
mi amado hermosísimo, mi pan vivo,
mi sacerdote por la eternidad,
mi guía hacia la patria,
mi luz verdadera, mi dulzura santa,
mi camino recto, mi Sabiduría preclara,
mi humilde simplicidad, mi concordia pacífica,
mi protección total, mi rica heredad,
mi salvación eterna…
¡Cristo Jesús, Señor amabilísimo!
¿Por qué habré deseado durante la vida
algo fuera de ti, mi Jesús y mi Dios?
¿Dónde me hallaba cuando no pensaba en ti?
Anhelos todos de mi corazón,
inflámense y desbórdense desde ahora
hacia el Señor Jesús;
corran que mucho se han retrasado;
apresúrense hacia la meta,
busquen al que buscan.
¡Oh Jesús! ¡Anatema el que no te ama!
¡Rebose de amargura quien no te quiera!
¡Dulce Jesús!
¡Que todo buen corazón dispuesto a la alabanza
te ame, se deleite en ti,
se admire ante ti!
¡Dios de mi corazón!
¡Herencia mía, Cristo Jesús!
Vive, Señor, en mi;
enciéndase en mi pecho
la viva llama de tu amor,
acrézcase en incendio;
arda siempre en el altar de mi corazón,
queme en mis entrañas,
incendie lo íntimo de mi alma,
y que en el día de mi muerte
comparezca yo del todo perfecto en tu presencia.
Amén.

28.- La Última Cena (Lc 22, 7-30)
Reflexión: “El más grande entre ustedes debe igualarse al más joven, y el que manda, al que sirve” (Lc 22, 26).
Propósito: Hoy recibiré la Santa Comunión con María: antes de comulgar suplicarás a la buena Madre que te preste su Corazón para recibir en él a su Hijo con sus mismas disposiciones para que no sea puesto en un corazón manchado como el tuyo y tan inconstante para amarle, le dirás que todo lo que tienes es poco para ofrecerle al Buen Jesús que atraviesa toda la Eternidad para visitarnos. Y que con la Santa Comunión le quieres hacer el mismo obsequio que le hizo el Padre Eterno, con el cual Ella recibirá más honor que si le dieras todos los bienes del mundo; y también Jesús desea tener en Ella su descanso y todas sus complacencias, aún cuando sea en tu alma, más sucia y más pobre que el establo en donde Jesús no encontró dificultades en venir porque Ella estaba allí.
Después de la Santa Comunión, introducirás en el Corazón de María a Jesucristo, se lo entregarás a su Madre la cual lo recibirá amorosamente, lo amará perfectamente, lo abrazará estrechamente. Irás en espíritu al cielo, por toda la tierra a rogar a las criaturas que den gracias por el Don de su venida, que adoren y amen a Jesús con María en lugar tuyo.

Tratado de la Verdadera Devoción:
PERTENECEMOS A JESÚS Y A MARÍA
68. Segunda verdad. De lo que Jesucristo es para nosotros, debemos concluir, con el Apóstol (1Cor 3,23; 6,19-20; 12,27), que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos totalmente suyos, como sus miembros y esclavos, comprados con el precio infinito de toda su sangre (1Pe 1,19).
Efectivamente, antes del Bautismo pertenecíamos al demonio como esclavos suyos. El Bautismo nos ha convertido en verdaderos esclavos de Jesucristo [“… Nosotros, los cristianos, más que ningún otro debemos entregarnos y consagrarnos como esclavos al Redentor, Señor nuestro” (Catecismo del Concilio de Trento, I, c.3, n. 12.], que no debemos ya vivir, trabajar ni morir sino a fin de fructificar para este Dios-Hombre (Rom 7,4), glorificarlo en nuestro cuerpo y hacerlo reinar en nuestra alma, porque somos su conquista, su pueblo adquirido y su propia herencia (1Pe 2,9). Por la misma razón, el Espíritu Santo nos compara a: 1°. árboles plantados junto a la corriente de las aguas de la gracia, en el campo de la Iglesia, que deben dar fruto en tiempo oportuno (Sal 1,3); 2°. los sarmientos de una vid, cuya cepa es Cristo, y que deben producir sabrosas uvas (Jn 15,5); 3°. un rebaño, cuyo pastor es Jesucristo, y que debe multiplicarse y producir leche (Jn 10,1ss); 4°. una tierra fértil, cuyo agricultor es Dios, y en la cual se multiplica la semilla, y produce el treinta, el sesenta, el ciento por uno (Mt 13,3.8). Por otra parte, Jesucristo maldijo a la higuera infructuosa (Mt 21,19) y condenó al siervo inútil, que no hizo fructificar su talento (Mt 25,24-30).
Todo esto nos demuestra que Jesucristo quiere recoger algún fruto de nuestras pobres personas, a saber, nuestras buenas obras, porque éstas le pertenecen exclusivamente: creados, mediante Cristo Jesús, para hacer el bien (Ef 2,10). Estas palabras del Espíritu Santo demuestran que Jesucristo es el único principio y debe ser también el único fin de
nuestras buenas obras, y que debemos servirle no sólo como asalariados, sino como esclavos de amor. Me explico.
69. Hay, en este mundo, dos modos de pertenecer a otro y depender de su autoridad: el simple servicio y la esclavitud. De donde proceden los apelativos de criado y esclavo. Por el servicio, común entre los cristianos, uno se compromete a servir a otro durante cierto tiempo y por determinado salario o retribución. Por la esclavitud, en cambio, uno depende de otro enteramente, por toda la vida, y debe servir al amo sin pretender salario ni recompensa alguna, como si fuera uno de sus animales, sobre los que tiene derecho de vida y muerte.
70. Hay tres clases de esclavitud: natural, forzada y voluntaria.
Todas las creaturas son esclavas de Dios según el primer modo: Del Señor es la tierra y cuanto la llena (Sal 24 [23],1). Conforme al segundo, lo son los demonios y condenados. Según el tercero, los justos y los santos. La esclavitud voluntaria es la más perfecta y gloriosa para Dios, que escruta el corazón (1Sam 16,7), nos lo pide para sí y se llama Dios del corazón (Sal 73 [72],26) o de la voluntad amorosa. Efectivamente, por esta esclavitud voluntariamente asumida-, optas por Dios y por su servicio, sin que importe todo lo demás, aunque no estuvieses obligado a ello por naturaleza.
71 Hay una diferencia total entre criado y esclavo:
1. El criado no entrega a su patrón todo lo que es, todo lo que posee ni todo lo que puede adquirir por sí mismo o por otro; el esclavo se entrega totalmente a su amo, con todo lo que posee y puede adquirir, sin excepción alguna.
2. El criado exige retribución por los servicios que presta a su patrón; el esclavo, por el contrario, no puede exigir nada, por más asiduidad, habilidad y energía que ponga en el trabajo.
3. El criado puede abandonar a su patrón cuando quiera o, al menos, cuando expire el plazo del contrato; mientras que el esclavo no tiene derecho de abandonar a su amo cuando quiera.
4. El patrón no tiene sobre el criado derecho alguno de vida o muerte, de modo que, si lo matase como a uno de sus animales de carga, cometería un homicidio; el amo, en cambio –conforme a la ley–, tiene sobre su esclavo derecho de vida y muerte, de modo que puede venderlo a quien quiera o matarlo -perdóname la comparación-, como haría con su propio caballo.
5. Por último, el criado está al servicio del patrón sólo temporalmente; el esclavo lo está para siempre.
72. Nada hay entre los hombres que te haga pertenecer más a otro que la esclavitud. Nada hay tampoco entre los cristianos que nos haga pertenecer más completamente a Jesucristo y a su santísima Madre que la esclavitud aceptada voluntariamente, a ejemplo de Jesucristo, que por nuestro amor tomó forma de esclavo (Flp 2,7), y de la Santísima Virgen, que se proclamó servidora y esclava del Señor (Lc 1,38). El Apóstol se honra de llamarse servidor de Jesucristo (Rom 1,38; ver 1Cor 7,22; 2Tim 2,24). Los cristianos son llamados repetidas veces en la Sagrada Escritura servidores de Cristo. Palabra que -como hace notar acertadamente un escritor insigne- equivalía antes a esclavo, porque entonces no se conocían servidores como los criados de ahora, dado que los señores sólo eran servidos por esclavos o libertos.
Para afirmar abiertamente que somos esclavos de Jesucristo, el Catecismo del concilio de Trento se sirve de un término que no deja lugar a dudas, llamándonos mancipia Christi: esclavos de Cristo.
73. Afirmo que debemos pertenecer a Jesucristo y servirle no sólo como mercenarios, sino como esclavos de amor, que, por efecto de un intenso amor, se entregan y consagran a su servicio en calidad de esclavos por el único honor de pertenecerle. Antes del Bautismo éramos esclavos del diablo. El Bautismo nos transformó en esclavos de Jesucristo (Ver Rom 6,22). Es necesario, pues, que los cristianos sean esclavos del diablo o de Jesucristo.
74 Lo que digo en términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida, muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente – respecto de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza: “Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia”, dicen los santos. De suerte que, según ellos, teniendo los dos el mismo querer y poder, tienen también los mismos servidores y esclavos.
75. Podemos, pues -conforme al parecer de los santos y de muchos varones insignes-, llamarnos y hacernos esclavos de amor de la Santísima Virgen, a fin de serlo más perfectamente de Jesucristo. La Virgen Santísima es el medio del cual se sirvió el Señor para venir a nosotros. Es también el medio del cual debemos servirnos para ir a Él. Pues María no es como las demás creaturas, que, si nos apegamos a ellas, pueden separarnos de Dios en lugar de acercarnos a El. La tendencia más fuerte de María es la de unirnos a
Jesucristo62 , su Hijo, y la más viva tendencia del Hijo es que vayamos a El por medio de su santísima Madre. Obrar así es honrarlo y agradarle, como sería honrar y agradar a un rey el hacerse esclavo de la reina para ser mejores súbditos y esclavos del soberano. Por esto, los Santos Padres y luego San Buenaventura dicen que la Santísima Virgen es el camino para llegar a Nuestro Señor.
76. Más aún, si –como he dicho– la Santísima Virgen es la Reina y Soberana del cielo y de la tierra: “Al poder de Dios todo está sometido, incluida la Virgen; al poder de la Virgen todo está sometido, incluido Dios”, dicen San Anselmo, San Bernardo, San Bernardino, San Buenaventura, ¿por qué no ha de tener tantos súbditos y esclavos como creaturas hay? Y ¿no será razonable que, entre tantos esclavos por fuerza, los haya también de amor, que escojan libremente a María como Soberana? ¡Pues qué! ¿Han de tener los hombres y los demonios sus esclavos voluntarios y no los ha de tener María? ¡Y qué! ¿Un rey se siente honrado de que la reina, su consorte, tenga esclavos sobre los cuales puede ejercer derechos de vida y muerte –en efecto, el honor y poder del uno son el honor y poder de la otra–, y el Señor, como el mejor de los hijos, llevará a mal que María, su Madre santísima, con quien ha compartido todo su poder, tenga también sus esclavos? ¿Tendrá El menos respeto y amor para con su Madre que Asuero para con Ester, y Salomón para con Betsabé? (Est 5,2-8; 1Re 2,19) ¿Quién osará decirlo o siquiera pensarlo?
77. Pero ¿adónde me lleva la pluma? ¿Por qué detenerme a probar lo que es evidente? Si alguno no quiere que nos llamemos esclavos de la Santísima Virgen, ¿qué más da? ¡Hacerte y llamarte esclavo de Jesucristo es hacerte y proclamarte esclavo de la Santísima Virgen! Porque Jesucristo es el fruto y gloria de María.

29.- La agonía de Jesús en Getsemaní (Lc 22, 39-54)
Reflexión: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, sin embargo, que no se realice mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42).
Propósito: Con todo fervor mariano, hoy me confesaré para prepararme a mi Consagración y lograr la indulgencia el día de la Consagración.

Tratado de la Verdadera Devoción:
ANTES DE LA COMUNIÓN
266. 1. Humíllate profundamente delante de Dios. 2. Renuncia a tus malas inclinaciones y a tus disposiciones, por buenas que te las haga ver el amor propio.
3. Renueva tu consagración, diciendo: “Soy todo tuyo y cuanto tengo es tuyo ¡Oh mi amable Jesús! Por María, tu Madre Santísima”. 4. Suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones. Hazle notar cuánto importa a la gloria de su Hijo que no entre en un corazón tan manchado e inconstante como el tuyo, que no dejaría de menoscabar su gloria y hasta llegaría a apartarse de El. Pero que, si Ella quiere venir a morar en ti para recibir a su Hijo, puede hacerlo, por el dominio que tiene sobre los corazones, y que su Hijo será bien recibido por Ella, sin mancha ni peligro de que sea rechazado: Teniendo a Dios en medio, no vacila. Dile con absoluta confianza que todos los bienes que le has dado valen poco para honrarla. Pero que por la sagrada comunión quieres hacerle el mismo obsequio que le hizo el Padre eterno; obsequio que la honrará más que si le dieses todos los bienes del mundo.
Dile, finalmente, que Jesús, que la ama en forma excepcional, desea todavía complacerse y descansar en Ella, aunque sea en tu alma, más sucia y pobre que el establo de Belén en donde Jesús se dignó nacer, porque allí estaba Ella. Pídele su corazón con estas tiernas palabras: ¡Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón! (Ver Sal 4,10)

EN LA COMUNIÓN
267. Dispuesto ya a recibir a Jesucristo, después del padrenuestro le dirás tres veces: Señor, no soy digno, etc.; como si dijeses la primera vez al Padre eterno que no eres digno de recibir a su Hijo a causa de tus malos pensamientos e ingratitudes para con un Padre tan bueno; pero que ahí está María, su esclava, que ruega por ti y te da confianza y esperanza singulares ante su Majestad: Porque tú solo me haces vivir tranquilo (Sal 4,10).
268. Al Hijo le dirás: Señor, no soy digno, etc.; que no eres digno de recibirle a causa de tus palabras inútiles y malas y de tu infidelidad en su servicio, pero que, no obstante, le suplicas tenga piedad de ti, que le introducirás en la casa de su propia Madre, que es también tuya, y que no le dejarás partir hasta que venga a habitar en ella: Lo agarré, y ya no lo soltaré hasta meterlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas (Cant 3,4). Ruégale que se levante y venga al lugar de su reposo y al arca de su santificación: Levántate, Señor; ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder (Sal 131 [130],8). Dile que no confías lo más mínimo en tus méritos, ni en tus fuerzas y preparación – como Esaú-, sino en los de María, tu querida Madre -como el humilde Jacob en los cuidados de Rebeca-; que, por muy pecador y Esaú que seas, te atreves a acercarte a su santidad apoyado y adornado con los méritos y virtudes de su santísima Madre.
269. Al Espíritu Santo le dirás: Señor, no soy digno; que no eres digno de recibir la obra maestra de su amor a causa de la tibieza y maldad de tus acciones y de la resistencia a sus inspiraciones, pero que toda tu confianza está en María, su fiel Esposa. Dile con San Bernardo: “Ella es mi suprema confianza y la única razón de mi esperanza”. Puedes también rogarle que venga a María, su indisoluble Esposa. Dile que su seno es tan puro y su corazón está tan inflamado como nunca, y que, si no desciende a tu alma, ni Jesús ni María podrán formarse en ella ni ser en ella dignamente hospedados.

30.- La Resurrección de Jesucristo (Jn 20, 1-31)
Reflexión: “Donde están dos o tres apelando a mí, ahí estoy yo en medio de ellos”
Propósito:

Tratado de la Verdadera Devoción:

DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN
270. Después de la sagrada comunión, estando recogido interiormente y cerrados los ojos, introducirás a Jesucristo en el corazón de María. Se lo entregarás a su Madre, quien lo recibirá con amor, lo tratará como Él lo merece, lo adorará con todo su ser, lo amará perfectamente, lo abrazará estrechamente y le rendirá en espíritu y verdad muchos obsequios que desconocemos a causa de nuestras espesas tinieblas.
271. O te mantendrás profundamente humillado dentro de ti mismo, en presencia de Jesús que mora en María. O permanecerás como el esclavo a la puerta del palacio del Rey, quien dialoga con la Reina. Y mientras ellos hablan entre sí, dado que no te necesitan, subirás en espíritu al cielo e irás por toda la tierra a rogar a las creaturas que den gracias, adoren y amen a Jesús y a María en nombre tuyo: Vengan, adoremos, etc. (Sal 94 [93],6).
272. O pedirás tú mismo a Jesús, en unión con María, la llegada de su reino a la tierra por medio de su santísima Madre, o la divina Sabiduría, o el amor divino, o el perdón de tus pecados, o alguna otra gracia, pero siempre por María y en María, diciendo mientras fijas los ojos en tu miseria: No mires, Señor, mis pecados (ver Sal 51 [50],11), sino las
virtudes y méritos de María. Y, acordándote de tus pecados, añadirás: Es obra de un enemigo (Mt 13,28). Yo soy mi mayor enemigo, yo cometí esos pecados. O también: Sálvame del hombre traidor y malvado (Sal 43 [42],1), que soy yo mismo.
O bien: “Jesús mío, conviene que tú crezcas en mi alma y que yo disminuya” (ver Jn 3,30). María, es necesario que tú crezcas en mi alma y que yo sea menos que nunca. Crezcany multiplíquense (Gén 1,28). ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Crezcan en mí! ¡Multiplíquense fuera, en los demás!
273. Hay mil pensamientos más que el Espíritu Santo sugiere, y te sugerirá también a ti, si eres de verdad hombre interior, mortificado y fiel a la excelente y sublime devoción que acabo de enseñarte. Pero acuérdate de que cuanto más permitas a María obrar en tu comunión, tanto más glorificado será Jesucristo. Y de que tanto más dejas obrar a María para Jesús, y a Jesús en María, cuanto más profundamente te humilles y los escuches en paz y silencio, sin inquietarte por ver, gustar o sentir. Porque el justo vive en todo de la fe, y particularmente en la sagrada comunión, que es acto de fe: Mi justo vive de su fidelidad (Heb 10,38).

CONSAGRACIÓN de sí mismo a Jesucristo, la Sabiduría Encarnada,
por las manos de María
¡Sabiduría eterna y encarnada!
¡Amabilísimo y adorable Jesús,
verdadero Dios y verdadero hombre,
Hijo único del Eterno Padre
y de María siempre Virgen!
Te adoro profundamente
en el seno y en los esplendores de tu Padre,
durante la eternidad,
y en el seno virginal de María,
tu dignísima Madre,
en el tiempo de tu encarnación.
Te doy gracias de que te has anonadado,
tomando la forma de un esclavo,
para sacarme de la cruel esclavitud del demonio.
Te alabo y te glorifico
porque has tenido la bondad
de someterte en todo a María,
tu Santa Madre,
con el fin de hacerme, por medio de Ella,
un fiel esclavo.
Pero, desgraciadamente,
¡ingrato e infiel como soy!,
no he observado los votos y las promesas
que con tanta solemnidad
te he hecho en mi Bautismo:
no he cumplido con mis obligaciones.
No merezco llamarme hijo tuyo, ni tu esclavo;
y, como no hay nadie en mí
que no merezca tus rechazos y tu cólera,
ya no me atrevo a acercarme por mí mismo
a tu santa y augusta Majestad.
Por eso he recurrido a la intercesión
y a la misericordia de tu Santísima Madre,
que me has dado como Medianera para contigo;
y es por medio de Ella que espero obtener de Ti
la contrición y el perdón de mis pecados,
la adquisición y la conservación de la Sabiduría.
Te saludo, pues, ¡María Inmaculada!,
vivo tabernáculo de la divinidad,
escondida en el cual, la eterna Sabiduría,
quiere ser adorada por los Ángeles
y por los hombres.
Te saludo, ¡Reina del Cielo y de la tierra!,
a cuyo imperio todo está sometido,
todo lo que está por debajo de Dios.
Te saludo, ¡seguro Refugio de los pecadores!,
cuya misericordia no faltó a nadie.
Escucha los deseos que tengo
de la divina Sabiduría,
y recibe para eso los votos y los dones
que mi bajeza te presenta.
Yo…
infiel pecador,
renuevo y ratifico hoy en tus manos
los votos de mi Bautismo:
renuncio para siempre a Satanás,
a sus seducciones y a sus obras,
y me doy enteramente a Jesucristo,
la Sabiduría encarnada,
para llevar mi cruz tras Él
todos los días de mi vida,
y para que yo le sea más fiel
de como lo he sido hasta ahora.
Te escojo hoy,
en presencia de toda la Corte celestial,
como Madre y Señora mía.
Te entrego y consagro, en calidad de esclavo,
mi cuerpo y mi alma,
mis bienes interiores y exteriores,
y el valor mismo de mis buenas acciones
pasadas, presentes y futuras,
dejándote un entero y pleno derecho
de disponer de mí y de todo lo que me pertenece,
sin excepción, según tu agrado,
a la mayor gloria de Dios
en el tiempo y en la eternidad.
Recibe, ¡Virgen bondadosa!,
esta pequeña ofrenda de mi esclavitud,
en honor y en unión con la sumisión
que la eterna Sabiduría
gustosamente quiso observar
para con tu maternidad;
en homenaje al dominio que ustedes, los dos,
tienen sobre este pequeño gusano
y miserable pecador;
y en acción de gracias por los privilegios
con los que la Santísima Trinidad
te ha favorecido.
Proclamo que desde ahora
quiero, como verdadero esclavo tuyo,
procurar tu honor y obedecerte en todo.
¡Madre admirable!, preséntame
a tu querido Hijo,
en calidad de eterno esclavo,
para que Él, que por Ti me rescató,
por Ti me reciba.
¡Madre de misericordia!, hazme la gracia
de obtener la verdadera sabiduría de Dios
y de colocarme, para eso,
en el número de las personas
a las que amas, instruyes, guías,
alimentas y proteges
como a hijos y esclavos tuyos.
¡Virgen fiel!, vuélveme en todo
un perfecto discípulo, imitador y esclavo
de la Sabiduría encarnada,
Jesucristo, Hijo tuyo,
tanto que por tu intercesión y con tu ejemplo
yo llegue a la plenitud de su edad en la tierra
y de su gloria en los Cielos. Amén.
Lugar …………………………………………………….
Fecha …………………………………………………….
Firma …………………………………………………….
Firma de un testigo …………………………………
CORONILLA DE LAS DOCE ESTRELLAS
Hazme digno de alabarte, ¡Virgen Santa! Dame fuerza contra tus enemigos.
Corona de Gloria
Padre nuestro. Dios te salve, María.
1. Bienaventurada eres, ¡Virgen María!,
que llevaste en tu seno al Señor
y Creador del mundo;
engendraste al que te formó,
quedándote siempre Virgen.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
2. ¡Virgen Santa e Inmaculada,
no sé con cuáles alabanzas
honrarte dignamente,
porque llevaste en tu seno
al que ni los cielos pueden contener.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
3. Toda bella eres, ¡Virgen María!,
y en Ti no hay ninguna mancha.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
4. Hay más virtudes en Ti, ¡Virgen Santa!,
que estrellas en el cielo.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Gloria al Padre.
Corona de poder
Padre nuestro. Dios te salve, María.
5. Gloria a Ti, ¡Reina del universo!
Llévanos contigo a los gozos del Cielo.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
6. Gloria a Ti,
¡Tesorera de las gracias del Señor!
Haznos participantes de tu tesoro.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
7. Gloria a Ti,
¡Medianera entre Dios y el hombre!
Vuélvenos favorable al Todopoderoso.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
8. Gloria a Ti,
¡Triunfadora de las herejías
y de los demonios!
Sé nuestra piadosa guía.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Gloria al Padre.
Corona de Bondad
Padre nuestro. Dios te salve, María.
9. Gloria a Ti,
¡Refugio de los pecadores!
Intercede por nosotros ante el Señor.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
10. Gloria a Ti,
¡Madre de los huérfanos!
Vuélvenos favorable
al Padre Todopoderoso.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
11. Gloria a Ti,
¡Alegría de los justos!
Llévanos contigo a los gozos de los cielos.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Dios te salve, María.
12. Gloria a Ti,
¡Auxiliadora siempre presente,
en la vida y en la muerte!
Llévanos contigo al reino de los cielos.
¡Alégrate, Virgen María!
¡Alégrate, mil veces! Gloria al Padre.
Oración
Te saludo, María, Hija de Dios Padre;
te saludo, María, Madre de Dios Hijo;
te saludo, María, Esposa del Espíritu Santo;
te saludo, María,
Templo de toda la Santísima Trinidad.
Te saludo, María, Señora mía, riqueza mía,
rosa mía, Reina de mi corazón;
Madre, vida, dulzura,
y esperanza mía queridísima,
más todavía: mi corazón y mi alma.
Soy todo tuyo, y todas mis cosas son tuyas,
¡Virgen bendita sobre todas las cosas!
Esté, pues, en mí tu alma
para que ella proclame la grandeza del Señor;
esté en mí tu espíritu
para que se alegre en Dios.
¡Virgen fiel!,
ponte como un sello sobre mi corazón,
para que en Ti y por Ti
se me encuentre fiel a Dios.
Concédeme, ¡Madre bondadosa!,
que yo sea incluido
en el número de aquellos, a los que Tú
amas, instruyes, diriges,
alimentas y proteges como a hijos.
Haz que, despreciando, por amor a Ti,
todas las consolaciones terrenas,
yo me adhiera siempre a las celestiales,
hasta que, por obra del Espíritu Santo,
tu fidelísimo Esposo,
y por Ti, fidelísima Esposa suya,
se forme en mí Jesucristo, Hijo tuyo,
a gloria del Padre. Amén.

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