Sermón del Monte: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra

¿Qué es la mansedumbre? Jesucristo ante el juez Pilatos oye las calumniosas acusaciones de sus enemigos y calla. La segunda bienaventuranza es la cita del salmo treinta y seis. Dice el salmo: “los mansos heredarán la tierra”.

Manso es quien penetrado de su propia bajeza, adora los inescrutables designios del cielo. No se deja arrastrar por la ira cuando es víctima de la desgracia.

La mansedumbre es una virtud que modera la ira o la indignación. La pasión de la ira es la reacción contra el mal presente y contra la causa de él.

La mansedumbre modera la ira pero no la destruye. No debe destruirla porque Dios ha dado al hombre esta pasión para que le ayude a evitar el mal. La mansedumbre contiene a la ira dentro de los justos límites. Consigue que sólo aparezca cuando debe, donde debe y en la medida que debe.

El hombre puede faltar por exceso de ira.

La ira excesiva es aguda, cuando se excita por motivos insignificantes. Se llama difícil cuando no se calma hasta lograr la venganza. Lleva calificativo de amarga cuando el hombre conserva en el alma el resentimiento y se amarga la vida a sí mismo y se la amarga a los demás.

Se puede faltar por defecto de ira cuando el hombre no reacciona contra el mal ni se mueve a quitar la causa de él. Esta falta es dejadez o lenidad que conduce a contemporizar con lo malo.

Dice Jesús que los mansos poseerán la tierra. Desde la promesa que Dios hizo a Abrahám de darle la tierra de Canaán, en el Pentateuco heredar la tierra significa tomar posesión de la tierra prometida. En los libros siguientes es obtener aquello que está figurado por la tierra prometida, es decir, el reino del Mesías, el reino de los cielos.

La bienaventuranza eterna es la que promete Jesús a los injuriados, a los oprimidos que saben llevar las vejaciones con mansedumbre, como él llevo los atropellos de la Pasión. Sufrió los peores atropellos y guardó silencio sobrehumano “enmudeció como el cordero delante del que le trasquila”. Le calumnian, le insultan, le condenan injustamente y calla. Le desgarran las espaldas con azotes, le taladran la frente con espinas, le cosen con clavos en la cruz y calla. Calla cuando le hacen las injurias a él personalmente. No calla cuando de por medio la honra de su Eterno Padre, la gloria de Dios. Especialmente los abusos que cometían en el templo los vendedores y cambistas. También los fariseos querían deshacer su labor redentora con el arma vil de la calumnia y Jesucristo les desenmascara: “raza de víboras ¿cómo podréis hablar de cosas buenas siendo malos?”. Jesús dice “No tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo pero no pueden haceros más”.

También los mansos poseerán la tierra porque ganarán los corazones de los demás. No es la ira desenfrenada la que conquista la estima y el amor de los hombres. Son amados los que perdonan, los que dominan su ira, los que sufren con paciencia los ultrajes. No es el dinero ni la ciencia, ni la influencia lo que gana las voluntades, es la mansedumbre con todos: con niños, enfermos, rudos, impertinentes, malvados y ofensores.

Con el olvido de los agravios, con el rostro amable, con las palabras blandas, con las atenciones y servicios prestados gustosamente, ganarás los corazones de los hombres en la tierra y conquistarás el reino de los cielos.

Juan Rey, s.j., LUZ meditaciones 

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